Lo que pasa en el cuartel, queda en el cuartel

Este año vamos a notar más que nunca que las Fiestas de la Virgen se desarrollan, se representan, se reviven, principalmente en nuestras calles como casi único escenario. Lo digo desde el punto de vista de los ‘tiraores’ cuyos cuarteles, y muy a pesar nuestro, se nos van a quedar con la persiana echada a cal y canto. Esto es lo que hay. Ni veinte palabras más.

Todo sea por seguir contribuyendo a mantener a raya a esta endemoniada pandemia hasta que se vaya de una vez de nuestras vidas. Al menos, en el momento de escribir esta ‘Crónicas arcabuceras’, todo apunta a que las Fiestas de la Virgen solo las vamos a disfrutar de puertas (de puertas de los cuarteles, me refiero) para afuera.

Según ha decidido estos días nuestra tropa en asamblea extraordinaria y urgente por unanimidad más un voto, únicamente vamos a poder salir desfilando y en procesión, siempre que la autoridad sanitaria lo permita y el tiempo que nos haga no lo impida. No ocultamos las ganas: tenemos tantas de desempolvar los trajes y engrasar los arcabuces que aunque apedrearan pelotas de golf no nos quedaríamos este año en casa. Todos a la calle de nuevo.

Ya podemos cantar victoria después de tantísimo tiempo sin vivir nuestras Fiestas de la Virgen (parece que llevemos un siglo porque la espera se ha hecho muy, muy larga). Y que la pólvora suene con más estruendo que nunca, a ver si tenemos suerte y al maldito coronavirus le dan miedo los tiros y sale huyendo con el rabo entre las patas y ya no le entran ganas de volver a Yecla jamás. (Punto y aparte).

Sin embargo, aunque estemos deseando volver a vestirnos de ‘valientes arcabuceros’, con el asunto de los cuarteles mejor será que no nos juguemos el tipo y nos sigamos conteniendo las ganas por nuestro propio bien y por el bien de todos. Y ahora no me diga usted nada de nada porque me sé de pe a pa todo lo que está pensando mientras lee estas líneas: “¿Cómo es posible que vayan a cerrar la mayoría de los cuarteles de las Escuadras cuando ya se están empezando a llenar los campos de fútbol, plazas de toros, discotecas y hasta se han abierto las barras de los bares?”. Pues mire usted, porque en los cuarteles nos apretamos todos más de la cuenta, comemos, bebemos, charramos por los codos y los más flamencos hasta terminan echándose unos bailes. Por eso, ante la duda, la decisión más concienzuda.

O sea: sigamos con las llaves del cuartel en el bolsillo y esperemos que en 2022 podamos de nuevo subir la persiana, encender las luces, pasar la escoba y poner las mesas para compartir cada comida en condiciones y sin temor a contagiarnos. Abrazándonos como nunca nos hemos abrazado, ‘arrejuntándonos’, achuchándonos y besándonos como lapas hasta que tengan que despegarnos con una espátula, dicho sea exagerando solo lo justo y necesario… Y siento dejarle con la miel en los labios, pero hasta ahí puedo contar. Ya sabe usted que lo que pasa en el cuartel queda en el cuartel.

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