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domingo, 14 julio, 2024
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Yecla
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36.000 Y “PALANTE Y TO TIESO”

En Yecla no sufrimos la contaminación y, según dicen los especialistas, padecemos menos estrés porque llevamos una vida más relajada

No es por incordiar pero el hecho de que en Yecla ya estemos rozando los 36 mil habitantes (no confundir con los habitontos), no significa que exista ahora la más remota posibilidad de que su vida en este pueblo vaya a cambiar. Tenga la completa seguridad de que no va a cambiar absolutamente en nada. Allá cada cuál con lo que decida hacer con su vida en esta más o menos noble, leal y fidelísima. Pero al menos reconozcamos que por suerte Yecla se distancia cada vez más del pelotón (y del problemón), de la España vaciada. Ya somos el pueblo de la comarca con mas seres más o menos vivos, entendiendo por comarca todas las poblaciones de alrededor a las que podemos llegar directamente desde Yecla, sin tener que atravesar ninguna otra de camino.

36 mil habitantes aunque seguro que somos muchos más pues nada dice el INE del resto de convecinos que conviven con y entre nosotros por razones varias y no figuran en el censo consistorial. Siempre “palante” y to tieso”, como dicen que decimos aquí. O, tirando del refranero local: “Olivica comía y huesecico al suelo” y “poquico a poquico va creciendo el arbolico”. Y es que bien mirado son muchas y siempre bien avenidas y bien halladas las ventajas que nos brinda un pueblo ni más ni menos que como Yecla. Yo prefiero siempre hacerme a la idea de que Yecla es un pueblo grande y no una ciudad pequeña por aquello de sacudirnos complejos y prejuicios. Y nunca diré yo que en una ciudad se vive mejor o peor porque, como a todas luces verán hasta los que tienen muy pocas luces, se vive de manera lógicamente muy distinta, y para verlo no hace falta ser ningún lumbreras. Vivir en un pueblo es vivir en un pueblo. (Me acabo de ganar el Premio Guinness a la frase más originales del año). Pero ventajas en pueblos como Yecla haberla haylas, solo hay que saber aprovecharlas y disfrutarlas.

Más aún en Yecla, donde tenemos la suerte de estar muy bien conectados para poder viajar por tierra, mar y aire hasta dónde nos dé la gana cada vez que nos apetece estirar las piernas o ampliar nuestras miras huyendo de nuestro pequeño mundo de Pascualico. Lo que pasa es que hay yeclanos a los que les cuesta horrores hacer las maletas. Otros, sin embargo, están todos los días por ahí de bureo y antes de que te des cuenta ya han puesto tierra de por medio. Y no miro a nadie porque me dan mucha, pero mucha, mucha envidia, y la envidia siempre es envidia cochina. Eso de la envidia sana nos lo hemos inventado para amortiguar el golpe. En Yecla se vive bien: tenemos la naturaleza a tiro de piedra y no nos hace falta irnos hasta donde Cristo perdió el gorro para respirar aire puro; la vida es (en casi todo), más económica y, según los especialistas, padecemos menos estrés porque llevamos un estilo de vida más relajado y mantenemos más relaciones sociales y personales que contribuyen a nuestro desahogo. Ah, y podemos ir a trabajar andando (y que me disculpen los que no puedan ir a trabajar andando), y dejar el coche cerca de casa aunque la mayoría de veces suponga un martirio buscar un aparcamiento. Pero ese es un buen tema para otra ocasión.

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