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viernes, 19 abril, 2024
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El «low-cost, ¿moda o necesidad?

Por José Pascual Ortuño

La crisis ha generalizado el low-cost. Todo empezó por los aviones, las compañías aéreas con Ryanair a la cabeza, trituraron las tarifas y empezó el low-cost. Así nació, cuando todavía disfrutábamos de los años dorados del crecimiento económico, llegó la fórmula low-cost, o precios bajos por un servicio básico del que desaparece lo accesorio. Definitivamente somos un país y una ciudad «low cost».

Llegó la crisis y, con ella, el consumo se hundió, la alegría en el gasto pasó a mejor vida. La pérdida del poder adquisitivo y también el miedo, atenazan nuestros bolsillos; se acabó el lujo y el despilfarro, volvemos a pensar en pesetas, a mirar la peseta, pero no por ello hemos renunciado por completo al ocio, a viajar, a salir a cenar con los amigos o a estrenar unos pantalones nuevos. Lo que ha cambiado es la forma, nuestra forma de comprar, vuelve a ser protagonista en Yecla el mercado tradicional de los miércoles y nacen y han proliferado las tiendas de todo a 10, 15 o 20 euros.
La compra y venta de viviendas se hundió, buscamos un restaurante donde celebrar un día señalado y nos vamos a uno barato; atrás quedaron los tiempos en que una casa se amueblaba para toda la vida, sin reparar en gastos. Los jóvenes que adquirieron su primera vivienda en los años del «boom», cuando los precios escalaron hasta el infinito, bastante tienen con ir pagando como pueden la hipoteca. Los desahucios, desgraciadamente, están a la orden del día.
En la playa de Los Arenales del Sol donde hemos veraneado, el cartel de «Se vende» apenas se ve, para qué, no hay quién compre, una nube de «Se alquila» domina el paisaje, desde nuestro apartamento en el 5º piso nos entreteníamos en contar las mesas llenas de cuatro restaurantes que había bajo y se llevaba la palma de ocupación uno que en sus toldos anunciaba platos combinados, pizzas… Atrás quedaron los tiempos en que había que esperar turno en los otros más caros, el arroz con bogavante o a banda ya se ofrecía a bajos precios, y por raciones. En Santa Pola, en el tradicional mercado de los sábados había «overbooking», lleno total.
La gente, en sus viviendas, en los muebles y sofás, en decoración, ya no busca algo para toda la vida sino un diseño para diez años, y después se cambia, salvaremos la crisis pero… Cuando escampe, ya nada será igual. El low-cost y el «outlet» han empezado su reinado, más allá de las rebajas y el bazar chino, las ferias outlet han tomado fuerza como alternativa para renovar el armario sin dejar vacío el bolsillo.
No solo en ropa, también en decoración, informática, etc, lo único que ha salido ileso es el teléfono móvil e Internet: no renunciamos a los «samsungs», «ipads» o «iphone», sobre todo la gente joven que anda toda el día y en todos lados pegada al móvil mandando y recibiendo «watsapps», la palabrita de moda entre la gente joven y no tanto…
Mientras, el comercio tradicional se resiente y lucha como puede, echando mano de ofertas y de los periodos de rebaja que les permite el Gobierno, proliferan las franquicias de tiendas low-cost, todo a 10, 20 o 30 euros…. La clave en este tipo de tiendas es el volumen de ventas: "Hay que vender mucho porque los márgenes son muy escasos". Bucear por internet es una formula para encontrar ofertas de artículos baratos, pero ojo que la picaresca puede estar detrás de ellos.
Se están poniendo de moda los viajes compartidos a media y larga distancia, te ahorras una pasta y el viaje normalmente resulta más agradable, a no ser que te toque un «plasta», los pisos compartidos ya funcionaban antes, sobre todo entre estudiantes, enfermeras… Al igual que los viajes a Murcia o Alicante a la Universidad, pero ahora en los viajes sobre todo a Madrid, Valencia, de larga distancia, a conciertos, festivales, sobre todo en verano, al fútbol de Primera, no solo te mueve la necesidad de ahorrar, sino que el viaje compartido suele ser más divertido.
Es curioso a dónde hemos llegado cuando la necesidad aprieta, ahora llenamos el depósito de gasolina o gasoil en un día señalado que suelen ser los viernes y nos ahorramos uno o dos céntimos por litro. Hay que ahorrar hasta el último céntimo en gasolina y comida; la imaginación al poder. También miramos precios en supermercados y artículos, y si vamos de viaje echamos mano de Internet para ver el más barato. "Ven como sí que sirve tener Internet en el móvil", dirán nuestros hijos.
Compartir viaje para ahorrar se ha puesto de moda, por necesidad, y no solo en coche. Renfe saca una tarifa más barata para cuatro, compartiendo mesa. Yo mismo comprobé en mi último viaje a Londres, hace ya tres años, que en el billete de tren desde el Aeropuerto al centro de la ciudad había una diferencia en ahorro del 60% si era para cuatro personas; es cuestión de ponerse de acuerdo al sacar el billete, y lo curioso es que íbamos de pie. Incluso una plaza de garaje que puede cederse en alquiler en vacaciones, o cuando no estamos. La necesidad aprieta.
Lo dicho, no estamos para lujos. Ahora toca compartir casi todo, ya llegarán tiempos mejores, pero repito, nada será igual: los tiempos de despilfarro han pasado a mejor vida, se acabó el consumismo a troche y moche.
Bueno amigos, como desafortunadamente dijo Ana Botella: " Mejor lo dejo y me voy a tomar "UNA RELAXING CUP OF CAFE CON LECHE IN PLAZA MAYOR", o en cualquiera de las terrazas que inundan nuestras calles y que tan de moda están, bonita moda por cierto, dando colorido al paisaje yeclano.
Por hoy, FIN DE LA CITA.
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