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A VUELTAS CON LA CORRUPCIÓN

Fallan los sistemas de control. ¿Cómo es posible que tanto sinvergüenza pueda robarnos el dinero a manos llenas sin que nadie se entere?

Cada vez que como ahora escribo sobre un tema que no es de inspiración local me asalta la mala conciencia. Desde siempre insisto a los articulistas de este periódico para que escriban sobre temas yeclanos que resultan más cercanos a nuestros lectores. Por eso cuando soy yo el que se salta esa directriz comienzo siempre pidiéndoles disculpas por no predicar con el ejemplo. No sé quién diría aquello de “haz lo que yo diga y no lo que yo haga”, pero qué razón tenía. De ahí lo de la mala conciencia que, por cierto es la conciencia más honesta y deseable de cuantas podamos albergar en nuestros adentros porque es la que más nos puede frenar para no ir por la vida descarrilando más de la cuenta. (Punto y aparte). De todas formas, un compañero muy veterano en esto de escribir artículos de opinión me dice siempre que todos los temas de índole nacional son también temas locales porque en los pueblos no podemos permanecer ajenos a los acontecimientos del país y del mundo que más nos preocupan. Y sin duda uno de los temas de los que más hablamos los yeclanos ahora es el relativo al despreciable caso de corrupción que afecta directamente al Gobierno.

Volvemos, pues, a hablar de corrupción, pero no seré yo quien les suelte aquí y ahora ningún magnánimo sermón de la montaña, ni mucho menos les repita a ustedes-vosotros lo mismo que están oyendo día tras día en todos los medios. Tampoco pretendo yo indicarles lo que deben o no pensar al respecto. Allá cada cual con su mala conciencia. (Punto y aparte). Creo que lo más nauseabundo de este nuevo caso de corrupción que vamos conociendo por fascículos coleccionables es la cara de satisfacción que ponen los que están en contra del Gobierno. Al igual que hace años la corrupción deshonró de lleno al partido que hoy lidera la oposición y fueron los que hoy ocupan el Gobierno los que aprovecharon el hedor para poner la trituradora en marcha. Unos y otros se frotan las manos cuando al contrincante político se le descubre un caso de corrupción que les dé la suficiente metralla para conseguir derribarlo. Y así no vamos a ninguna parte. La corrupción no tiene siglas políticas. Ningún partido está libre de corrupción.

Luchar contra la corrupción tendría que ser el primer, y aunque fuera el único, gran pacto de estado que alcanzaran los dos grandes partidos que representan a la gran mayoría de ciudadanos. Ayer metieron la mano en el cajón unos y hoy la han metido los otros. Y cuando menos lo esperemos conoceremos otro caso y después otro más, y otro y otro, y cada vez más sangrante, sea del partido que sea. Por eso me hago ilusiones pensando en que un día asistamos a ese gran acuerdo de estado que de una vez establezca un sistema de control para que el dinero público no sea tan fácil robarlo. Fallan los sistemas de control. ¿De verdad nadie custodia los millones y millones que pagamos entre todos como si fuéramos idiotas? ¿Cómo es posible que tanto sinvergüenza pueda robarnos el dinero a manos llenas sin que nadie se entere?

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