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SEGUIREMOS ESPERANDO

A ver si el año que viene suena la flauta por casualidad y la política no se parece en nada a la que hoy estamos padeciendo

Esta despedida y cierre del año, o sea, esta última “Crónica yeclana” de 2023, me ha salido del teclado cargada casi siempre de referencias a Yecla y los yeclanos. Pero en esta ocasión va a ser que no. (Y pido disculpas a los colaboradores de este periódico a quienes a todas horas les doy la matraca para que escriban solo de temas locales. Ya lo dice el refrán: haz lo que yo diga y no lo que yo haga). Yo no sé si les pasa a ustedes-vosotros pero desde hace ya demasiado tiempo la cosa política no es que me quite el sueño pero siempre termina por amagarme el día. Afortunadamente muy poco tiene que ver la política nacional con la local ya que por ahora no se ha contagiado del desesperante y continuo clima hostil que impregna la política de altos vuelos, la que en teoría debería servir de ejemplo para los más de 8.000 municipios que habitamos el Estado.

También vaya por delante que la incesante bronca en la que se ha instalado la política nacional para nada se ha trasladado a nuestras calles. Y ojalá permanezcamos siempre al margen de tanta cerrazón. Nuestros senadores y parlamentarios tienen la obligación de caminar de la mano en busca de eso que antes se llamaba el bien común y el interés nacional y que ahora se lo pasan a diario por el Arco de los Reyes Católicos. Están condenados a entenderse porque les hemos votado para que lleguen a acuerdos y no para que se atrincheren en sus cuarteles pasando olímpicamente de quienes ni piensan como ellos ni pensarán nunca como ellos. (Si todos tuviéramos las mismas ideas esta vida sería un completo aburrimiento). No se puede gobernar pensando solo en quienes te han votado. Los Gobiernos están para tender puentes de entendimiento y nunca para levantar muros infranqueables. Esa es la principal causa por la que llego a final de este año tan desesperanzado. Porque no tiene ninguna pinta de que vaya a cambiar esta manera de hacer política tan descaradamente de espaldas a nosotros para nuestra desgracia porque nosotros bien poco podemos hacer como contribuyentes ciudadanos para poner fin a este enfrentamiento constante.

 

Solo nos queda resignarnos mientras seguimos esperando a que la moderación y el sentido común regresen a la política y oigamos hablar de una vez de asuntos que de verdad nos preocupan a todos. Seguiremos esperando a que los que deberían de estar mandando dejen de arrastrarse por cuatro gatos indocumentados a los que las urnas no han dado ni voz ni voto. Poco me queda ya para pasarme al bando de los que están a punto de tirar la toalla y la papeleta a la porra. Así no vamos a ninguna parte. Los que me tienen que entender ya me han entendido. Seguiremos esperando a ver si suena la flauta por casualidad y la política española deja de parecerse a la que estamos padeciendo. Pero va a ser que no. Qué pena. Feliz y próspero 2024 y siguientes, a pesar de todo y aunque mucho me temo que el año que viene vendrá cargado de más de lo mismo a la enésima potencia. Seguiremos esperando.

 

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