OCASIÓN PERDIDA

JUAN MUÑOZ GIL

La libertad nos permite elegir, pero nunca sabemos cual será la mejor opción. No sé donde he podido leer este axioma pero viene al caso en lo que trato de comentar, a la vez que la inminente fecha tan celebrada del dia de los enamorados, que parece que sólo se queda en un día más para acudir a un Centro Comercial a comprar el obligatorio regalo, inducidos por un insistente recordatorio que todos los medios de comunicación ya se encargan de anunciar.
Recientemente se han hecho encuestas sobre la poca disposición que demuestra el genero masculino en colaborar en las tareas domesticas, así como la dificultad que tienen las mujeres en que se las sitúe a la misma altura que los hombres en el trabajo y con ello recibir un salario semejante. Han pasado muchos años después de aquellas primeras manifestaciones feministas que documentales y fotografias nos recuerdan demandando el sufragio universal, y fue en los años 60 y 70 cuando se comienza a luchar por la llamada “segunda vía” para la liberación de la mujer, y actualmente, ya en la tercera, no quiere decir por ello que se haya conseguido lo mucho pretendido, sobretodo en esta cuestión, y si nos centramos en lugares apartados como pueden ser pueblos o pequeñas ciudades donde los cambios a veces tardan tanto en llegar, generalmente pasan desapercibidos y ni siquiera asoman a la realidad social. Lo digo, porque en cierta ocasión que tuve que esperar a la puerta de un supermercado, me llamó la atención la considerable cantidad de mujeres que salían con la compra realizada, y tuve el desocupo de contabilizar las mujeres u hombres que hacían la compra en un día corriente, y cual no fue mi sorpresa al obtener unos resultados mas que significativos, si consideramos la lucha continuada que se ha venido manteniendo para que la mujer rompa con la tradición machista instaurada desde los tiempos en que el hombre se hace agricultor sedentario, y establece la propiedad como el elemento primordial de dicho estado, considerando a la mujer como un dominio más del conjunto entre animales, tierras, enseres, etc.. Pues bien, en el recuento tras de un par de horas punta a las puerta de una gran superficie comercial de Yecla, los resultados fueron: Siete mujeres de cada diez clientes salían solas con la cesta o carro de compra, dos de cada diez clientes fueron parejas que habían acudido a comprar juntos, y solamente un hombre de cada diez salía sólo pero, dato curioso, con muy poca compra la mayoría de ellos.
Teniendo en cuenta que en estos momentos hay más de 4.000 parados en Yecla, resulta curioso que la compra la sigan realizando las mujeres en su mayoría, eximiéndose los hombres de algo tan elemental como es este quehacer doméstico y no preciso de aprendizaje. Parece ser que, tocante a nuestro pueblo, los progresos en el campo de la igualdad hombre-mujer, que tanto trabajo y dedicación ha supuesto durante todo el siglo XX a los diversos movimientos feministas, hayan quedado en muy poco aquí, y reconociendo la existencia de una elevada clase media, de la que suelen surgir mujeres dispuestas a luchar por sus libertades, y que en nuestro pueblo empiezan a darse después de la guerra Civil, ya que ni siquiera durante la Segunda Republica se organizaron las féminas con este fin, a excepción de organizaciones religiosas como la Sociedad de Señoras de S.Vicente de Paúl o la Sociedad de mujeres fundadoras de la Cofradía del Ecce-Homo, y ni siquiera en los movimientos de izquierdas se daba nada de esto por la sencilla razón que el propio Partido Socialista yeclano, seguidor de la causa de Prieto, no estaba por la labor de que la mujer pudiese tener mas opciones que las de esposa y madre. Y a la vez, empantanados en un aislamiento general, no puedo dejar de recalcar que la falta de comunicaciones también ha influido en ese cerramiento a cualquier innovación como los que se estaban dando durante toda la primera mitad del siglo XX en tantos lugares de España, y en Yecla pasaban de lejos. Y romper con una tradición tan arraigada donde la visión natural de la mujer en la familia yeclana está centralizada en el matrimonio, se precisa educación y cultura para lograr un estatus de igualdad, y que a la vez se asuma con la misma naturalidad que ahora mismo se reconoce como habitual eso de que sea la mujer quien siga haciendo la compra, y que empiece el hombre a realizarla. También otras muchas cosas, como es natural, y que no menciono por no estropear el dia de los ENAMORADOS de este año.

Juan Muñoz Gil

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