Entrevista a la Virgen del Castillo: “Estoy muy orgullosa de estas Fiestas que Yecla celebra en mi honor”

María Inmaculada Concepción, Patrona de Yecla, responde a las preguntas de SIETE DIAS YECLA con motivo de las Celebraciones Patronales en su honor (FOTOGRAFÍA. Fernando Fructuoso Ros – Record Fotógrafos)

Le agradecemos encarecidamente que nos dedique unos minutos de su preciado tiempo y más aún en estas fechas en las que imaginamos que andará ocupadísima con los preparativos de última hora.

Aunque cueste creerlo yo me ocupo de bien poco… Son mis fieles los que llevan la carga más pesada en cuanto a la organización y desarrollo de estas Fiestas. Prácticamente no descansan en los 12 meses del año para que estas celebraciones en mi honor resulten más brillantes que el anterior. Y créame si le digo que lo consiguen. Quiero aprovechar para desde aquí darles las gracias por todo lo que hacen por mí. Me siento muy halagada. Siempre he confiado plenamente en ellos y la verdad es que se pueden contar con los dedos de una mano las ocasiones en que me han llegado quejas de su trabajo después de tantos años. Mi papel en estas Fiestas, pues, consiste principalmente en dejarme llevar por el entusiasmo de mis devotos e intentar no defraudarles… Son muchos yeclanos a los que tengo que atender durante los días en que estoy en Yecla, de todas las edades, formas de pensar y de actuar muy distintas y peculiares, según la situación personal que atraviesa cada uno de ellos. Comparten conmigo desde anécdotas cotidianas a circunstancias muy complicadas y eso es señal de que tienen mucha confianza en mí porque me hablan sin rodeos ni secretos… Por eso espero no defraudar a ninguno. Conforme está hoy la vida creo que es lo menos que puedo hacer por ellos.

¿Cuál sería su valoración de las Fiestas de la Virgen, sus Fiestas, por cierto, después de los más de tres siglos y medio transcurridos?

Quizás no soy yo la persona más indicada para responder a esta pregunta. Tenga usted en cuenta que sería ingratitud por mi parte si yo apuntara tan solo un aspecto adverso por muy pequeño que fuera. Estas Fiestas son en mi honor y por ello solo tengo palabras de agradecimiento hacia este pueblo que ya siento como si fuera mío. Vamos, que me siento como si yo hubiera nacido aquí. Sé de sobra que los yeclanos hacen todo lo que está en sus manos y mucho más para que yo me sienta cada vez más orgullosa de ellos. Y vuelvo a decirle que estoy muy orgullosa de ellos. No puedo pedirles nada que ellos no me hayan dado ya con creces.

No hace falta que lo jure. Sólo tengo que mirar la expresión de su cara mientras la escucho para saber que habla con el corazón en la mano, como siempre. Pero al menos díganos algún momento especial que en todo este tiempo se le haya quedado grabado para siempre y porqué. Y no vale que me responda usted que todos han sido especiales. ¿Cuál es ese recuerdo y por qué permanecerá siempre en su memoria?

Resulta realmente complicado para mí responder a esta pregunta; tenga en cuenta que estamos hablando de más de tres siglos de historia… Como acabo de resaltarle, muy pocas veces, por no decir ninguna, me han defraudado los yeclanos. Pero ya que me insiste, y esto es algo que por primera voy a contar en público, nunca he olvidado aquel primer 7 de Diciembre de 1786 en el que llegaron con sus arcabuces para bajarme al pueblo. No le negaré que en un primer momento me asusté porque al principio no comprendía lo que estaba pasando. Eran las primeras horas del alba y me hallaba todavía medio dormida cuando de pronto comencé a oir tiros por todas partes y cada vez más cerca. Temblaban todas las paredes del Santuario. Al principio no dije nada y me limité a observarles sin perder detalle hasta que poco a poco fui adivinando sus intenciones. Era la primera Bajada de todas y ellos también andaban un poco más nerviosos de la cuenta por aquello de que nunca antes se habían visto en aquella situación. Yo por mi parte, me dejé llevar sin rechistar y paso a paso fui descubriendo todo lo que habían preparado en mi honor. Nunca olvidaré tampoco las caras de admiración que me esperaban al llegar al pueblo y entre las que me fueron abriendo paso hasta llegar al altar mayor de la Basílica. Recuerdo perfectamente que el corazón se me salía por la boca en medio de las primeras arcas cerradas que me dedicaron. Nunca me hubiera imaginado que yo mereciera tantos honores y admiración para este pueblo. No quiero pecar de modesta ni caer en agravios comparativos, pero muchas veces pienso que he venido a parar al pueblo que más me quiere del mundo. Como dije antes, aunque soy yeclana de adopción, me siento como si hubiera nacido aquí, como una yeclana más entre mis paisanos.

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