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CRÓNICAS YECLANAS: Jóvenes bárbaros

En qué estamos fallando los mayores para que nuestros jóvenes hayan llegado a semejante punto de salvajismo en las manifestaciones

Antonio M. Quintanilla

Hablando de los hijos y los enredos y preocupaciones a los que se enfrentan y nos hacen enfrentarnos cuando llegan las etapas de la adolescencia y/o la juventud de los rebeldes sin causa conviene no olvidar el dicho de que “cuando son pequeños, problemas pequeños, y cuando se hacen grandes, problemas grandes”. O aquel otro que lamenta que “de pequeños me los comería y de mayores me arrepiento de no habérmelos comido”. Por no hablar de quienes aseguran que “los hijos son un mal deseado”, pues aunque nos traen la mayores alegrías, también son un chorro inagotable de dolores de cabeza. Quizás sea por eso, y digo quizás como podría decir acaso, tal vez o pudiera ser, que vivimos en una sociedad en la que prestamos más atención a las mascotas perrunas y gatunas que a los hijos. Según acabo de repasar en internet para no meter la pata, hemos llegado al disparate de que en nuestro país conviven en los hogares casi el doble de perros que de niños. Y si sumamos los gatos resulta entonces que la cantidad se triplica y todavía aumenta considerablemente más si añadimos toda clase de mascotas. Son datos de 2025, de la primera Estadística Nacional de Protección Animal. 7 millones y medio de perros frente a 5 millones de niños de cero a 12 años. Sicontamos los 5,6 millones de gatos la cifra animalística supera los 15 milones.

O sea, para no darle más vueltas, poco pintan hoy en casa los hijos en comparación con perros, gatos, hamster, loros y demás fauna doméstica. Y lamento si a alguien le chirría esta aplastante afirmación pero los números hablan por sí solos y cuanto antes lo aceptemos antes veremos lo que se puede hacer (si es que llegamos a la conclusión de que tengamos que hacer algo). Y no crea nadie que me he parado a revisar estas estadísticas porque no tenía otra cosa mejor que hacer, que pudiera ser que así fuera. He empezado a darle vueltas a esta comparativa a raíz de ver el salvajismo de tantísimos jóvenes en las manifestaciones que estos días están arrasando muchas ciudades españolas y europeas. ¿Qué hemos hecho mal los adultos para criar estas hordas de jóvenes bestias? Lo más fácil sería echar balones fuera culpando a estos tiempos que vivimos. Pero creo que lo más sensato es concluir que a esos menores de edad les hemos fallado como padres, como educadores, como políticos y como sociedad. Y no quiero decir yo que el caos que provocan esos jóvenes bárbaros sea porque en los hogares convivimos con más animales que hijos. Y tampoco se entienda que insinúo que hayan de tener hijos por obligación quienes hayan decidido lo contrario. Allá cada cual con su vida. Yo solo me pregunto porqué los padres no se han impuesto el deber de pasear con sus hijos tres o cuatro veces al día, por obligación, al igual que sacan a sus mascotas tres o cuatro veces para que hagan sus necesidades. Los hijos también tienen necesidades imperiosas que tal vez no hemos sabido atender. No hablamos de causa/efecto sino de un ejemplo que podría venir bien como punto de partida para intentar dilucidar en qué estamos fallando los mayores para que los hijos hayan llegado a este punto de barbarie.

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