ENTREVISTA: José María Soriano López, subinspector de la Policía Local recientemente jubilado
Tras 37 años al servicio de los yeclanos, ‘Soriano el policía’ acaba de jubilarse y repasa con SIETE DÍAS cómo ha evolucionado Yecla y también cómo ha cambiado la impronta y la percepción del cuerpo policial al que ha pertenecido cuatro décadas
A. Quintanilla- A. Delegido
Hace 37 años se puso por primera vez el uniforme de Policía Local con la ilusión de servir a su propio pueblo. ¿Qué recuerda de aquellos primeros días y qué queda hoy de aquel joven policía que comenzaba su carrera?
Para mí, han pasado como un suspiro. Define bien como primer recuerdo aquel primer día que entré en el retén, en el que estaban bastantes policías veteranos fumando. Yo abrí la puerta para que se pasara la humareda y me echaron una bronca tremenda. Era un momento en el que la Policía Local no estaba muy bien vista. Se tenía aún el concepto de cuerpo policial represivo y además se ganaba más en la empresa privada. Pero era mi vocación.
Usted destaca que ser Policía Local en un pueblo significa conocer a los vecinos y que ellos también le conozcan a uno. ¿Hasta qué punto esa cercanía con la gente ha marcado su manera de entender y ejercer la profesión?
Era mi objetivo, ser policía local. Estar en mi pueblo, ayudar a la gente. Ser cercano. A día de hoy a cualquier chico o chica joven que me cuenta que se está preparando para ser policía local le digo siempre lo mismo. Este es el mejor trabajo del mundo, porque ayudas a tus vecinos y contribuyes a mejorar tu pueblo. En estas décadas he tenido mucho contacto con asociaciones, colectivos, fiestas. La gente ha venido casi siempre de buena fe, aunque siempre hay alguno que se quiere aprovechar pero hay que saber distinguirlo.

En casi cuatro décadas habrá vivido una enorme transformación de Yecla y también del trabajo de la Policía Local. ¿Cuáles han sido los cambios más importantes que ha experimentado la profesión durante estos 37 años?
Efectivamente. Se ha transformado el propio pueblo y también la profesión. Hay que tener en cuenta que cuando empecé a trabajar aún entraba el tráfico a Yecla por la antigua carretera nacional… Y también la sociedad yeclana se ha modernizado, no sólo la ciudad. La imagen de la Policía Local ha cambiado. Antes tenía una mayor impronta la parte autoritaria. Ahora pesa más la psicología. Hay que actuar más con la palabra que con las medidas coercitivas.
¿Qué recuerdos y anécdotas guarda con especial cariño y cuáles han sido los momentos más difíciles que le ha tocado afrontar?
Como momentos especiales, recuerdo con cariño el 50º aniversario de la coronación de la Patrona, la Virgen del Castillo en el año 2004, cuando acompañé al entonces alcalde, Juan Miguel Benedito. Fue todo un honor para mí participar en un momento tan histórico. Recuerdo también la visita de Sus Majestades los Reyes de España (entonces Príncipes de Asturias), en la cual yo llevé el coche piloto. También recuerdo con especial alegría la inauguración de nuestras instalaciones actuales. Y en cuanto a momentos duros, recuerdo varios. La pandemia fue bastante dura. Pero también intervenciones en suicidios de gente amiga o conocida o en accidentes de tráfico. Y recuerdo con especial dolor el fallecimiento de dos jóvenes yeclanos en una cochera por inhalación de monóxido de carbono. Fue muy duro hablar con los padres. Esta profesión tiene esa particularidad. Luces y sombras. Lo que no tiene es rutina.
¿Qué le ha aportado personalmente esa relación tan estrecha con el tejido asociativo de Yecla y qué palabras quiere dedicarles a su esposa e hijas que han sufrido sus ausencias?
Me llevo muchos amigos y un mayor conocimiento de mi pueblo. Y el agradecimiento de muchas personas. A mi mujer e hijas les doy las gracias. Por su paciencia y por comprender tan bien mi profesión. Espero estar más con ellas y con mis nietos a partir de ahora.
Usted fue fundador de la Plataforma Salvemos el Arabí y contribuyó a frenar la granja porcina en el Arabí… ¿Cómo lo recuerda?
Con orgullo. Los yeclanos podemos estar satisfechos de la unión que hubo para salvar nuestra gran joya natural, el Monte Arabí. Di la voz de alarma y encabecé aquella manifestación histórica en julio de 2017. Y no entiendo aún que no me sancionaran. Pero lo volvería a hacer. La causa lo merecía.













