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La memoria de los Premios Siete Días

Ojalá nunca digamos más aquello de que demasiadas veces las palabras de reconocimiento llegan cuando ya no pueden escucharse

Antonio M. Quintanilla Puche

Llevamos ya tantos años con los Premios Siete Días a cuestas que cuando después de 365 días nos toca volver a sacarlos a colación nos rebañamos el seso tratando de hilar nuevos argumentos para ponerlos en valor, porque prácticamente ya está dicho todo. Y a las pruebas me remito, como decía aquel. Ahí están los 25 años que cumplimos en nuestra anterior edición. Cada nueva entrega de Premios trae nuevos nombres propios de historias particulares con las que sentirnos orgullosos de Yecla. Pero, y esto es cierto que tendríamos que recordarlo más a menudo, al mismo tiempo también se despierta un recuerdo especial en nuestra redacción hacia quienes un día recogieron su galardón y hoy ya no están entre nosotros. Nos resulta inevitable mirar atrás y acordarnos de los premiados que contribuyeron a hacer Yecla aunque solo fuera “una miaja” mejor. Estos premios han reconocido a más de 150 personas, entidades, asociaciones y colectivos vinculados a la vida y la sociedad yeclana con muchas horas de dedicación, iniciativas que abrieron caminos, proyectos y compromisos durante años.

Cada cual aportó lo que mejor sabía hacer. Entre los premiados ya fallecidos hubo quienes encontraron en estos galardones un reconocimiento que quizá nunca les habría llegado de otra manera. Esa es una de las razones que dan sentido a los Premios Siete Días: detener por un momento la marcha diaria del caudal de noticias sobre nuestro pueblo para distinguir a los galardonados de cada año diciéndoles en voz alta y clara que su trabajo ha merecido la pena. Que se ha visto. Que se agradece. En cada edición revivimos aquellos instantes en los que los tuvimos junto a nosotros en el escenario. Desde que contactamos con ellos para comunicarles que habían sido seleccionados hasta que recogieron emocionados sus Premios y dirigieron unas palabras al numeroso público. Por eso, cuando llega otra edición, su recuerdo se entremezcla con la alegría de los nuevos galardonados. Hay algo especialmente valioso en haber podido entregarles ese agradecimiento en vida. En que sintieran el cariño de su pueblo y comprobaran que su esfuerzo había encontrado respuesta. Es más, su ejemplo continúa presente en las asociaciones, en las iniciativas y en la vida de la socidad yeclana que contribuyeron a mejorar. Los Premios Siete Días también son la memoria que nunca olvidará darles las gracias. Recordarlos significa volver a hablar de lo que hicieron, de aquello que defendieron y de las personas a las que ayudaron. Significa explicar a quienes vienen detrás porqué sus nombres forman parte del pasado, del hoy y del mañana de la historia de Yecla. Es lo que tiene llevar tantos años entre manos con las manos que representan estos Premios. Dos manos entrelazadas que simbolizan la estrecha unión entre este periódico y la ciudad a la que nos debemos. Nos sentimos orgullososos de que gracias a estos Premios ojalá cada vez digamos menos que por desgracia las palabras de reconocimiento a veces llegan cuando ya no pueden escucharse. Por nuestra parte seguiremos haciendo lo que haga falta para que no ocurra así.

 

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