Por si los más jóvenes no lo sabían, y los más mayores lo habían olvidado, este periódico nació gracias a El Faro de Ceuta
Antonio M. Quintanilla Puche
El acto institucional de Homenaje a la Bandera, celebrado en la Plaza del Ayuntamiento y dedicado este 2026 a Ceuta, ha tenido un muy especial significado para quienes hace 26 años iniciamos esta peripecia de la Prensa local bajo la cabecera de El Faro de Yecla. Por si los más jóvenes no lo sabían, y los más mayores lo habían olvidado, recordemos que fue el Grupo El Faro, al que pertenecen los diarios El Faro de Ceuta y El Faro de Melilla, el que al inicio de este siglo apostó por los periódicos locales en nuestra Región, estableciendo su primera redacción con El Faro de Cartagena desde donde continuó expandiéndose a Lorca, Molina de Segura, Yecla, Jumilla, Caravaca, Totana, Águilas, hasta culminar abriendo El Faro de Murcia tras estar editando durante meses el gratuito El Diario de Murcia, en aquellos primeros años del 2000 en los que se produjo el auge de los periódicos que a primera hora de la mañana se repartían gratis a los viandantes por las calles de grandes ciudades. Por eso durante todo el acto regresó a mi memoria toda aquella primera época que nos sirvió de rampa de lanzamiento para que a partir de 2007 despegara el periódico SIETE DÍAS. (De ser bien nacido es ser bien agradecido, por eso quería empezar dejando constancia escrita de la vital importancia que tuvo para nosotros que El Faro se estableciera en Yecla). Por lo demás… Cada vez que llega el día de homenajear a nuestra bandera el 12 de Octubre nos ‘invade’, y nunca mejor dicho hablando de Ceuta, la misma apesadumbrada conclusión: en España tenemos un vínculo ambivalente con nuestra bandera. “Una relación en la que coexisten a la vez sentimientos intensos de amor y rechazo, lealtad impuesta y culpa” como explica la Psiquiatría. Enseñas la enseña, española, claro, y a muchos les brota un salpullido de urticaria mientras corren a toda prisa a indagar en qué bando les pilló a tus abuelos la Guerra Civil, como si nuestros abuelos hubieran tenido la posibilidad de poder elegir.

Bastante desgracia tuvieron con padecer en su piel aquellos años de salvajismo que devastaron sus vidas para siempre. Somos capaces de ondear banderas de países en los que te cuelgan de una grúa por hablar sin que nadie te pregunte pero la bandera y los símbolos del país en el que hemos nacido, y que representan nuestra democracia y convivencia, algunos no los quieren ver ni en pintura agarrándose como a un clavo ardiendo al cuento chino de que la bandera española no nos representa a todos los españoles. Y lo digo ahora como lo diré con la misma contundencia en un futuro si un día decidimos entre todos, (remarco lo de entre todos), que nuestra bandera sea bicolor, tricolor o multicolor. Ninguna bandera convierte a nadie en mejor persona. Ni el patriotismo se mide por el tamaño de la bandera que cada cual exhiba sino por tu compromiso y solidaridad con la sociedad a la que perteneces. La bandera representa el lugar donde todos podemos hablar, donde a todos se nos escucha y donde nadie se siente solo o abandonado. Y si no que se lo pregunten a los habitantes de Ceuta donde, por suerte para muchos de nosotros, nació este periódico.













