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YECLANOS POR EL MUNDO: Corinne Fernández Ibáñez

Corinne Fernández Ibáñez (23 años) vivió la pandemia como una oportunidad única para cambiar su vida. Ahora puede decir, muy orgullosa, que tiene la suerte de contar con “dos hogares”.

Daniel Ortuño Ibáñez

Qué mejor manera de dar la bienvenida al verano que trasladarnos a una de esas zonas privilegiadas de Europa en las que el sol no castiga tanto como aquí: Reino Unido. Allí se encuentra Corinne Fernández Ibáñez, una yeclana de 23 años que lleva los últimos seis viviendo en Londres. Después de terminar el bachillerato de artes, y cuando la etapa más complicada de la pandemia finalmente remitió, Corinne decidió que era el momento perfecto para un cambio: “Elegir Inglaterra como destino no fue algo casual, puesto que una tía mía lleva viviendo aquí veinte años y me inspiré en ella para venir. Durante el confinamiento me di cuenta de que no quería vivir siempre en el mismo sitio; necesitaba salir y ver mundo”. Como de pequeña tampoco había viajado mucho y ahora tenía intención de continuar su formación, Corinne mató dos pájaros de un tiro: en Londres tuvo la ocasión de estudiar diseño gráfico y también de conocer un país nuevo: “La sensación de independencia y de tener un espacio propio fue lo que más me motivó a quedarme”.

Al llegar a Reino Unido, Corinne consiguió un puesto de asistente de ventas en Pandora, y con el tiempo fue escalando posiciones hasta convertirse en encargada de tienda. Actualmente trabaja como reclutadora de freelancers (autónomos) para las distintas empresas que los necesitan; cada colocación exitosa le reporta una comisión. “Ninguno de esos trabajos está relacionado con lo que estudié —explica Corinne—, pero al menos puedo explotar mis habilidades personales y de trato con el público, algo que siempre se me ha dado bien”. Además de la soledad frente a un entorno completamente nuevo, otro de los retos a los que se enfrentó nuestra yeclana fue el idioma: “Pese a estudiar toda la secundaria en formato bilingüe, el inglés nunca ha sido mi fuerte, y eso empezó a notarse en cuanto llegué a Londres. Por mucho que conozcamos una lengua, la verdadera prueba de fuego es tener una conversación con un nativo”.

Desde un nivel más personal, Corinne se sincera sobre su experiencia durante estos años en el país británico: “El hecho de mudarte a una ciudad con tanta gente es un baño de humildad enorme. Ahí es cuando descubres que hay muchas personas en tu misma situación y flexibilizas tu percepción sobre los demás. Esa sensación de libertad, de que nadie te juzgue, no la he vivido en ninguna otra parte. Además, aunque ya sea típico decir esto, echo mucho de menos la comida, la personalidad y el clima de España; en esos ámbitos Inglaterra tiene mucho que envidiarnos”.

Corinne nos cuenta que al principio de su estancia intentaba volver a nuestro país cada tres meses, aunque ahora los plazos han aumentado a una o dos veces al año: “Cuando vuelvo, no necesariamente voy a Yecla, puesto que también me gusta visitar a amigos en Valencia y Barcelona, por ejemplo. Pero cuando voy al pueblo para ver a mi familia, el tiempo se me pasa muy lento (en el buen sentido de la palabra), en comparación con lo frenético que es mi día a día en Londres. A veces es necesario desconectar hasta ese nivel para apreciar los buenos momentos”. Respecto al futuro próximo, Corinne tiene claro que va a permanecer en la capital británica: “Yo ya he hecho mi vida aquí, con amigos, gente a la que quiero y un trabajo estable. Aun así, nunca se descarta que en algún momento pases una mala racha y tengas que hacer las maletas y volver a casa, por muy duro que sea. En ese sentido, agradezco mucho tener “dos hogares” y saber que siempre habrá gente que me acoja cuando lo necesite. Además, con esta falta de sol, nunca he estado tan pálida en mi vida, ¡así que habrá que volver!”, nos dice nuestra yeclana entre risas.

Para terminar, Corinne tiene una reflexión final dedicada a todos aquellos jóvenes que viven con la duda de no saber si mudarse a otro país o no: “Mi consejo para esas personas es que lo hagan, que no se lo piensen demasiado. Si no estás a gusto donde estás, lo mejor que puedes hacer es lanzarte a la aventura, salir de ese entorno que te envenena. En mi caso, mudarme a otro país me ha ayudado muchísimo en todos los aspectos: me he liberado de muchos prejuicios, me he dado cuenta de lo estúpido que es vivir con miedo y he comprobado que una experiencia como esta solo puede traerte cosas positivas. He mejorado como persona y no puedo estar más feliz por ello”.

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