DANIEL ORTUÑO IBÁÑEZ
Abel Bruno Martínez Martínez, el ‘samurái yeclano’, levanta puentes entre Japón y nuestro pueblo al contarnos más detalles sobre su estancia en la otra punta del globo
Recordarán los lectores de SIETE DÍAS YECLA cuando, el pasado mes de mayo, Abel Bruno Martínez Martínez (26 años) compartió con todos nosotros su paso por Japón, donde se propuso cruzar de punta a punta la ciudad más grande del planeta, Tokio. Como oficialmente ya es un “ex-yeclano por el mundo”, nuestro paisano nos detalla las razones de su viaje, las vivencias que le marcaron y las huellas que dejaron en él aquella experiencia, breve pero intensa, en el país nipón.
Como uno nunca elige mudarse a la otra punta del mundo así como así, Abel nos cuenta cómo se gestó su decisión: “Desde muy pequeño, siempre me ha atraído todo lo relacionado con la cultura japonesa. Con siete añitos leí un folleto en el que se retrataban muchos aspectos de Japón: los paisajes, las tradiciones, el idioma… Y pensé: ‘¿Cómo puede existir un país tan precioso y tan distinto al nuestro?’. A partir de ahí, me propuse viajar a Japón en algún punto de mi vida”. Con el paso de los años, Abel se fue empapando de la cultura japonesa a través de animes, mangas y videojuegos. Un día, navegando por redes sociales, encontró un vídeo en el que se hablaba del visado “working holiday”, que te permite disfrutar de una estancia de un año en distintos países, con el objetivo de estudiar o trabajar; Abel no lo pensó dos veces: escogió Japón y comenzó a planificar su viaje.
En un primer momento, nuestro yeclano barajó opciones laborales como la enseñanza de español, pero rápidamente cambió el chip: “Donde mejor me manejo es en la hostelería, y pensé que lo mejor era empezar como camarero en restaurantes españoles”. El mayor reto fue de índole lingüística: Abel apenas sabía un par de palabras sueltas en japonés y era consciente de que no tendría tiempo de ponerse a estudiarlo: “Parece mentira, pero Japón es un país en el que se habla poco inglés, de modo que mi única opción era aprender japonés sobre la marcha: preguntando a compañeros de trabajo, haciéndome listas de vocabulario… Podía adaptarme bien a los ritmos de trabajo, pero me seguía fallando el idioma”. Uno de los locales en los que trabajó Abel en aquellos meses fue el restaurante El Castellano, el primer restaurante de comida española que se abrió en Japón en 1977. Allí fue donde Abel, rodeado de grandes compañeros, perfeccionó realmente su conocimiento del japonés.

Ya en noviembre del pasado año, ocho meses después de su llegada, Abel decidió recorrer la faceta más rural de Japón, ese Japón que siempre vemos en las postales: “Viajé a muchísimos lugares: fui a Hiroshima, Nikko, Kawaguchiko, Osaka, Wakayama, y también visité zonas de costa en las que había pequeños pueblos pesqueros”. En el último mes de 2025, Abel se propuso cruzar Tokio de norte a sur, una gesta de diez horas y 55km que compartió en un elocuente artículo remitido a este semanario.
Para un occidental, lo que sin duda puede generar más impacto es la personalidad y la cultura de los japoneses. Habiendo tratado con tantísima gente, Abel afirma que existen dos tipos de personas según las zonas del país: “Por un lado, la gente de la metrópoli se encuentra más sumida en su individualidad, demasiado ocupada como para abrirse a los demás. Sin embargo, los habitantes de aquellos pueblos recónditos que visité, cuando veían a un turista europeo que les hablaba en japonés, enseguida se mostraban más curiosos y cercanos conmigo”. Nuestro yeclano también recuerda con cariño su estancia en el pequeño pueblo de Yura: “Allí conocí a una pareja de ancianos que tenían una tienda. En cuanto me oyeron hablar japonés, se interesaron por mi viaje, me regalaron de todo, me enseñaron su tienda. En agradecimiento por su hospitalidad, fui por todo el pueblo comprándoles cosas e incluso les escribí una nota en japonés, ¡que me costó una hora escribirla!”. Como Abel tiene claro que algún día volverá a Japón, entre lágrimas de emoción, les prometió a aquellos ancianos que se verían de nuevo.

Pese a todo, como hemos podido ver a través de los ojos de nuestros entrevistados, vivir tan lejos del hogar siempre va acompañado de momentos de nostalgia. La estancia de Abel en Japón, aunque breve, no fue ajena a ese sentimiento: “Yo siempre me he considerado orgullosamente yeclano y un amante de la historia de nuestro pueblo, de esa esencia que desprende. Cuando estás fuera, es inevitable sentir repuntes de nostalgia en ciertas fechas señaladas: San Isidro, las Navidades, los cumpleaños…; pero lo importante de esa nostalgia es no hundirse en ella. En Japón yo me repetía a mí mismo: ‘Disfruta de esta experiencia única y no te preocupes, porque a Yecla vas a volver tarde o temprano’”.
Como apunte final, Abel nos revela que quiere volver a convertirse en un “yeclano por el mundo” en condiciones; la próxima vez, el destino será Suiza: “Me gustaría seguir desarrollándome tanto personal como laboralmente, sobre todo en el sector de la alta hostelería, hoteles de lujo y demás. Tengo ganas de un cambio de aires, y sé que un país como Suiza, con esos paisajes increíbles, va a ser la decisión correcta”.













