Daniel Ortuño Ibáñez
María Elena Muñoz Verdú (24 años) es auxiliar de conversación en Francia, una yeclana abierta y muy aventurera que está en búsqueda de su auténtica vocación.
Este mes de abril, en “Yeclanos por el Mundo” regresamos a Francia para conocer a María Elena Muñoz Verdú. Tiene 24 años recién cumplidos y lleva desde el pasado mes de septiembre trabajando como auxiliar de conversación en Saint-Omer, un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Lille. Pero, ¿Cómo llegó nuestra yeclana hasta aquí?
Elena estudió una carrera de Traducción e Interpretación por la Universidad de Alicante, especializándose en inglés, francés e italiano, aunque también cuenta con un nivel básico de alemán; toda una políglota. En el tercer año del grado, aprovechó una beca Erasmus para viajar a Alemania, donde pudo relacionarse con personas de otros países y culturas: “Me considero una persona abierta y muy aventurera, y la estancia en Alemania me hizo darme cuenta de lo mucho que me gusta viajar y probar cosas nuevas”. Tras licenciarse, comenzó para Elena una etapa marcada por la incertidumbre: “Yo quería probar suerte como recepcionista de hotel para explotar mi capacidad con los idiomas, pero rechazaban mi currículum porque carecía de formación en turismo”.
Y así, Elena dio un giro en su trayectoria y se estableció durante un año en Valladolid para cursar un máster en Educación, que contaba con un periodo de prácticas muy interesante: “Tenía la espinita clavada de no haber solicitado el puesto de auxiliar de conversación durante la carrera, así que tuve la oportunidad perfecta después del máster. Como opciones, podía elegir Reino Unido, Irlanda o Francia; descarté Reino Unido por el rollo del pasaporte, e Irlanda tenía muy pocas plazas, de modo que me decanté por Francia”. La hermana de Elena ya había estado viviendo en ciudades como Reims y Nantes, por lo que ya tenía referencias sobre el país vecino.

En el “lycée” donde trabaja (lo que para nosotros es 4º de la ESO, 1º y 2º de bachillerato), Elena se encarga de ayudar al alumnado a mejorar sus habilidades de comunicación oral en español, así como enseñar algunos aspectos de nuestra cultura. Nuestra yeclana nos explica: “Cada semana, las profesoras proponen una temática distinta y yo preparo actividades relacionadas con eso. Mi horario es de doce horas semanales y mis grupos suelen tener entre quince y veinte alumnos”; y añade: “No sé si es así en todos los centros, pero en este instituto se percibe un ambiente más serio o más universitario; es una de las diferencias que he notado con respecto a España”. En el aspecto personal, durante estos meses Elena ha podido experimentar de primera mano la personalidad de los franceses, y no se corta ni un pelo al contárnoslo: “En general, me parece gente bastante estirada y a veces parece que te miran por encima del hombro. A mí me encanta conocer otras culturas y aprender de ellas, pero hay ciertas actitudes que chocan conmigo”.
Durante su estancia, Elena ha hecho piña con otras cuatro chicas españolas, con las que no ha desperdiciado ni un segundo para viajar. En las fotos que nos ha remitido, podemos verla en lugares como París, Brujas, Viena y Praga. Sobre los cambios y diferencias entre España y Francia, nos cuenta nuestra yeclana: “Es complicado acostumbrarse a sus horarios; por ejemplo, ha habido días en los que la hora de comer ha sido a las once de la mañana. Eso sí —añade—, estoy completamente enamorada de la gastronomía francesa, sobre todo de las panaderías y pastelerías que tienen aquí”. Vivir en el extranjero también ha ayudado a Elena a volverse más independiente y a administrar mejor sus gastos: “Aquí hay muchos menos planes locos que en el Erasmus”, nos cuenta entre risas.

Pese a todo, Elena nos confiesa que el ámbito docente no es para ella y que desea regresar a España en cuanto termine esta etapa: “Me encanta diseñar actividades para los alumnos y el sueldo es bueno, pero hay otros aspectos estresantes que me tiran para atrás. Desde aquel Erasmus en Alemania, me di cuenta de que lo mío es más la comunicación y la interacción en otros idiomas, en lugar de la enseñanza. Por eso, quiero volver a probar suerte para ser recepcionista de hotel”. Su objetivo es acabar en Alicante o en algún otro lugar cerca de Yecla, principalmente por la proximidad con sus seres queridos: “Aunque no me guste estar en el pueblo, sí disfruto del tiempo con mi familia y los amigos que tengo allí. Para mi familia, son muy especiales el día de Reyes, porque nos juntamos todos para comer; y también la Semana Santa, porque formamos parte de una cofradía”.
Por suerte, Elena ha conseguido un vuelo barato para volver a Yecla este mes y el siguiente. Después de vivir el último medio año en el extranjero, nuestra entrevistada concluye: “Para mí, Francia queda descartada. Mi intención es volver aquí e intentar otras cosas, pero nunca se sabe qué me tendrá reservado el futuro. Aunque a mí no me haya gustado del todo, sí recomiendo esta experiencia a todas aquellas personas que quieran irse al extranjero y probar cosas nuevas. Al final, con esto aprendes a desenvolverte y a desarrollarte como persona, y eso es algo muy valioso”.













