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La Inteligencia Artificial

Juan Muñoz Gil

La I. va a ser capital en la evolución humana, y eso de que los últimos serán los primeros, según Mateo 20-16, queda bien para el Juicio Final, pero mientras tanto con esta primicia revolucionaria en ciernes será necesario estar al día para tomar el tren que de súbito va llegando, aunque tristemente en pueblos como el nuestro al no tener estación donde se detenga podemos quedar relegados en el tiempo, como ya ocurrió con la tardanza en dejarse ver por estos lares autovías o carreteras adecuadas de comunicación, vitales para la difusión de nuestras dinámicas y ocurrentes yeclanías.

Si la IA es un Ente poderoso e influyente en la sociedad actual, y teniendo en cuenta la existencia de, por un lado urbanitas curtidos y experimentados y por otro aldeanos o pueblerinos, es de considerar que esa consustancial criatura recientemente creada con inteligencia artificial será incapaz de reconsiderar esa dicotomía aun siendo generados esos robots a imagen y semejanza de los habituales terrícolas. Y nos hace suponer que también desaparecerían esas diferencias cualitativas y entrañables, por ejemplo, en un pueblo como Yecla, donde la gente habitualmente se conoce en su mayoría, sus habitantes se saludan cuando se cruzan por la calle, se preguntan sobre el tiempo que podrá hacer ese día o por algún que otro familiar, asociándose en colectivos religiosos, deportivos, festivos, corporativos o gremiales y ayudándose mutuamente cuando la necesidad salpica a alguno de ellos, por lo que esa entrañable relación comunitaria que supuestamente debería entablarse con esos autómatas humanoides, que ya empiezan a mostrarnos de su existencia por todos los medios de comunicación y además progresando en sus funciones a pasos agigantados, dudo que puedan ser capaces de anteponer y ni siquiera emular situaciones tan entrañables e intimas como las motivadas día a día entre yeclanos, como viene a ser esa nostalgia generada cuando se vuelve al lugar que les vio nacer, o como bien se observa cuando llegan las Fiestas Tradicionales donde la concurrencia es masiva a los actos programados, así como a cualquier otro evento de arraigo popular y especialmente en el recuerdo de difuntos repetido cada año en el día de Todos los Santos, por lo que esa Inteligencia Artificial o Súperinteligencia, como la quiere llamar el Gedeón Americano, será poco o nada lo que podrá hacer especialmente cuando se cuestionen sentimientos, afectos, ternura, pasión. A no ser que nos deslumbre la refulgente novedad y ciegue ese espíritu entrañable que desde siempre, tanto la filosofía como la moral o explícitamente las buenas costumbres, han logrado mantener viva desde el principio de los tiempos, pero aun así, habrá que conocerla, adecuarla y someterla sin perder ni un ápice de la esencia que supone la idiosincrasia inmaterial de un pueblo.

Semejante situación irremediablemente se repite cuando una novedad excepcional es descubierta , y así ocurrió en tantas otras ocasiones, como tras el invento de la Imprenta, los libros, fundamento del conocimiento, acabaron por ser un medio donde publicar soflamas, diatribas o libelos desorientando la intuición de lectores primarios a una particular interpretación. O también cuando se descubre la dinamita, proyectada como herramienta segura para la minería y construcción de túneles y canales, acaba utilizada como arma mortal en disputas y conflictos. Y, todavía más reciente, la denuncia sobre la mala praxis en los medios de información y telefonía móvil, ideando bulos y falacias para acabar confundiendo a los más avezados entendidos. Y todavía peor ocurre con la potencia nuclear, capaz de generar energía barata y abundante y especialmente el avance en medicina nuclear para detectar tumores y controlar su evolución, no dejó de acarrear la creación de bombas devastadoras según nos muestran las imágenes, sólo hasta ahora, a Dios gracias, de Hiroshima y Nagasaki.

Y esta Inteligencia Artificial creada como base hipotética, pudiendo hasta superar con creces a la inteligencia humana, los poderosos de turno ya están intentando manipular y dominar para sus exclusivos propósitos. Así que las perspectivas de encanto, embrujo y sutileza, que desde siempre conmovió a los terrícolas, podría desaparecer de esa entrañable convivencia que coexistió entre las personas desde ni se sabe, y con lo que ha costado llegar hasta aquí tras ir sorteando tanta injusticia y arbitrariedad. Aunque todo ello no implica que dejemos pasar la ocasión sin contribuir a dominarla y encarar el reto de utilizarla concienzudamente en beneficio de nuestra comunidad.

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