Existen detallados estudios sociológicos del desconcierto que supone en el ánimo de una persona al verse inmovilizada durante horas concretamente por una interrupción de tráfico rodado, se genera una exasperación que a la postre es causa de futuras consecuencias nocivas. En Yecla, la holganza veraniega generalmente se diversifica entre las múltiples casas rurales privadas existentes en su término y también algunos días playeros, pudiendo así cumplimentar el tránsito vacacional obligatorio pero, quiérase o no, con el verano se aumenta la irritación y la cólera en esos momentos imprevistos que a diario se presentan en la vida de cualquier ciudadano, obligado por ley a disfrutar del descanso estival con el inconveniente de soportar a ciertas horas el tránsito de vehículos del campo al pueblo y viceversa, aunque al terciar irremediablemente la calina, influencia que los medios de comunicación ya se encargan de reiterar y con persistencia en sus relatos del mucho calor que hace a todas horas, cuando nunca dejó de ser habitual: unas veces más y otra menos durante la canícula veraniega, pero sin que nadie lo contara, ocasionando estos continuos comportamientos desagradables aparatosas escandaleras en las interferencias habituales sobre todo de tráfico, y no ser capaces de soportar situaciones imprevistas esos exaltados intransigentes de los tantos que andan por el mundo del Señor, y que en semejantes casos se provocan al desbocarse los ánimos cuando se les obstaculiza la marcha de antemano programada.

Concretamente algo así acontece en una de las arterias yeclanas centrales de la Ciudad donde el tráfico suele ser bastante fluído debido al trazado urbanístico de Yecla, que es el que es. Y ocurrió como en tantas otras ocasiones que una conductora, ¡y qué casualidad, era mujer!, en plena hora punta se le paró el motor de su vehículo y la retención ocasionada fue de tal magnitud que los coches que iban llegando de los polígonos adyacentes a la Plaza de Toros quedaron inmovilizados al medio día de un tórrido Julio yeclano, y los cláxones de los sufridos conductores estancados no dejaban de sonar así como los efusivos vituperios emitidos ante la irritación incapaces de aguantar la espera.
En el transitar cada vez más fluido de viandantes danzando por el mundo, aparece la mala sangre, definición vulgar que califica esos momentos de ira y exasperación como ocurre en los embotellamientos o retenciones durante las insufribles colas en los momentos más exigentes. Ya Aristóteles mencionaba estas situaciones como la Bilis Negra, porque la mayoría de las veces y sin fuste ni careo, la sangre se calienta en las venas y descompone al individuo que ve obstaculizado su día a día por cualquier error ajeno o los múltiples descuidos gubernativos. Se cuenta que en un parón de tráfico ocurrido en la ciudad de Calcuta de varias horas de duración llegaron a suicidarse dos personas en la misma vía, ante la imposibilidad de continuar la marcha de antemano establecida. Es triste que algo tan baladí sea capaz de trastornar la verosimilitud del ser humano durante siglos concienciado en una moral instaurada desde ni se sabe, tanto por la familia, la escuela, la iglesia o la comunidad, y con lo que ha costado llegar hasta aquí después de milenios repitiendo y condicionando un día tras otro el ADN para lograr la utópica armonía y conciliación universal, pero hemos de aceptar que esto es lo que hay, turbación y perplejidad aun en las gentes más sensatas en esos momentos de descontrol donde se rompen todos los esquemas.

Este verano hemos tenido la ventura de vivir el campeonato mundial de futbol con una sobresaliente presencia de España, obligando a millones de personas tanto nativas como foráneas a permanecer pendientes de los resultados y finalmente el disfrute consecuente ocasionado al ganar España el partido final proclamándose campeona del Mundo, consiguiendo limar las habituales desavenencias esta actitud entrañable de hermanamiento frente a la hostilidad y animadversión que nos acompañan ya de hecho, obviando en enconadas tertulias relegar a un segundo plano la malicia generada y también el calor insistentemente predicha por todas las cadenas televisivas.
La vida es muy compleja, y creo que al menos para el próximo verano la insistente calina debida al cambio climático, según dicen, y no menos el desgobierno, los incendios, la corrupción, las mentiras, las riadas, colisiones de trenes, desbandadas de migrantes, escandalosas condenas judiciales, etc… Y ante unas irreversibles elecciones en candelero donde se dará la voz a quienes en realidad corresponde decidir y juzgar estos desconciertos, quizás se olvide este convulso pasado y solamente quede como un triste capitulo más a escribir en la Historia de España.













