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Mª José Martínez Romero: El mismo día…13

Hay coincidencias que parecen pequeñas, pero que con el paso de los años terminan convirtiéndose en algo extraordinario. El 13 de septiembre es una de ellas. Este día cumplen años mi padre, Antonio, y mi hijo Elías. Este año, uno cumple 83 años y el otro celebra sus 15. Sesenta y ocho años separan sus vidas, pero una fecha los une para siempre.

Desde que Elías nació, el 13 de septiembre dejó de ser solamente el cumpleaños de mi padre. Se convirtió también en el de su nieto. Y desde entonces, cada año, llega un momento que ya forma parte de nuestra historia, los dos soplando juntos las velas. Una tradición sencilla, pero llena de significado.

Porque cuando los veo frente a la tarta, no veo solamente a un abuelo y a su nieto  celebrando que cumplen años. Veo el paso del tiempo. Y veo a mi padre después de toda una vida recorrida, con sus recuerdos, sus experiencias, sus alegrías y todo lo que los años han ido dejando en él. Veo a Elías, comenzando a escribir su propia historia, con todo un mundo por descubrir y tantos caminos todavía por recorrer. Uno lleva muchas páginas escritas, el otro apenas comienza a llenar las suyas.

Y sin embargo, cada septiembre se encuentran en el mismo lugar, frente a una tarta, con las velas encendidas, esperando ese instante en el que las apagarán juntos. Quizá esa sea la parte que más me emociona. Porque esa imagen habla de algo que va mucho más allá de una coincidencia en el calendario, habla de un vínculo y del cariño entre un abuelo y su nieto. De una tradición que nació con Elías y que, sin darnos cuenta, se ha ido convirtiendo en uno de esos recuerdos que sabemos que algún día tendrán un valor todavía mayor.

Han pasado los años y ellos también han cambiado. El niño que un día compartió cumpleaños con su abuelo ha ido creciendo y  mi padre ha seguido sumando años. Pero hay algo que permanece. Cada 13 de septiembre, sus cumpleaños vuelven a encontrarse, y este año volverá a suceder. Volveremos a preparar la tarta, encenderemos las velas, cantaremos cumpleaños feliz y ellos las soplarán juntos. Yo, los miraré intentando guardar ese instante un poco más, porque el tiempo pasa demasiado deprisa.

Porque los cumpleaños se suceden sin que apenas nos demos cuenta y hay momentos que mientras los vivimos, parecen cotidianos, pero con el paso de los años descubrimos que eran verdaderos regalos. Este es uno de ellos, un abuelo y un nieto, un padre y un hijo, un momento, una fecha compartida, una tarta, unas velas y una tradición que se repite desde hace años.

Quizá algún día Elías mire atrás y recuerde aquellos 13 de septiembre en los que soplaba las velas junto a su abuelo. Y quizá entonces comprenda lo especial que era. Porque no todos tienen la suerte de compartir cumpleaños con alguien tan importante en su vida. Y no todos tienen la oportunidad de mirar atrás y descubrir que durante tantos años tuvieron una pequeña tradición que les pertenecía solamente a ellos.

Por eso, cuando llegue el próximo 13 de septiembre, volveré a mirarles. A Antonio y a Elías, a dos vidas separadas por 68 años, pero unidas por el mismo día. Mientras las velas se apaguen, pediré en silencio que esta escena pueda repetirse muchas veces más. Porque hay cumpleaños que celebran un año más y  hay otros que, además me recuerdan la suerte de tenerlos en mi vida.

El 13 de septiembre es el día de Antonio y Elías. El día que comparten desde que la vida quiso que sus caminos quedaran unidos de una manera muy especial. Y para mí, cada vez que los veo soplar juntos, hay una certeza que ha permanecido, permanece y permanecerá en sus corazones y en el mío.  Hay regalos que no vienen envueltos y otros llegan en forma de personas y se celebran con una tarta y unas velas.

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