spot_img

50 años del BUP

M. Esperanza Esplugues M.

En el curso 2025-2026 que ahora termina, se han cumplido cincuenta años del inicio del BUP (Bachillerato Unificado Polivalente). Fue en 1975, en los primeros días de octubre, fecha en la que empezaban los cursos en los Institutos, cuando alumnos de toda España a una media de cuarenta por aula, nos juntamos para estrenar el BUP que no era enseñanza obligatoria. En ese primer curso, muchas aulas eran de chicas exclusivamente y otras de chicos, a partir de segundo ya se fueron organizando, cada vez más, las mixtas para todos. Cuando empezó el BUP quedaban alumnos de quinto y sexto del antiguo bachillerato y del PREU (Pre-universiario) y ya había cursos, en algunos Institutos, de un primerizo C.O.U. (Curso de Orientación Universitaria) de la nueva ley. Y llegamos nosotros, que llevábamos unos cuantos años de estreno con la EGB (Educación General Básica) de la famosa ley de 1970 del ministro José Luis Villar Palasí. Una ley que había conseguido, más o menos, unificar cursos por edad (sin embargo, en el primer curso de aplicación, en algunas clases se llegaron a juntar compañeras y compañeros de hasta cuatro años diferentes 1959,1960,1961 y primeros meses de 1962); organizar un itinerario general y una Formación Profe-sional reglada que se impartía en ubicaciones diferentes a la de los institutos de BUP, aprovechando, a veces, antiguas escuelas de maestría y otras escuelas sin uso; introducir el estudio de lenguas extranjeras desde los últimos cursos de la EGB (Ciclo Superior: 6º,7º y 8º), en muchos sitios solo se ofrecía el francés y poco a poco fue tomando más impulso el inglés… Y, sobre todo, situar la educación obligatoria hasta los catorce años. Aún recuerdo a compañeras que, antes de la obligatoriedad de la aplicación total, se salieron del colegio y se pusieron a trabajar, con doce o trece años.

En el inicio del BUP aparecieron asignaturas como Gimnasia o Educación Física con profesores y temario diferente para chicos y chicas, muchos alumnos utilizaban chandals y zapatillas por primera vez, por no hablar de los maillots y mallas de las chicas, porque en los primeros años de implantación de la EGB no en todos los colegios había profesores para dar Educación Física. Otra asignatura nueva fue la Música que muchas veces la impartían profesores a los que les faltaban horas en otras asignaturas y así tuvimos una profesora que era bióloga y en el temario de Educación Musical nos incluía disco-forums con canciones de la época y cantautores como Serrat, Paco Ibáñez, Lluis Llach… que musicaban poetas como Machado, Miguel Hernán-dez, Kavafis, o músicos franceses como Jacques Brel, Georges Brassens, Moustaki en una curiosa ayuda al oral de las clases de Francés. Tampoco hay que olvidar F.E.N. (Formación del Espíritu Nacional), una asignatura que a raíz de los acontecimientos que se darían en menos de dos meses, fue suprimida totalmente o la asignatura de Hogar que contaba con aula propia en la que solía haber una pequeña cocina…

Pasamos de libros de la EGB con títulos como Senda, Norma, Delta… a los libros de BUP que, a veces, llegaban con el curso ya empezado. Libros curiosos como los de Matemáticas, publicados por la editorial Marfil de Alcoi que empezaban con Variaciones, Permutaciones y Combinaciones y terminaban con el cálculo del interés, por en medio más “Teoría de Conjuntos”, ecuaciones, números irracionales, raíces… o libros de Lengua y Literatura de la editorial Anaya coordinados por Fernando Lázaro Carreter (Miembro de la RAE) con fragmentos de obras literarias que luego buscábamos completas en las Bibliotecas, o los de Historia de la Editorial Vicens Vives…
Los profesores también dejaron su huella como bien cuenta el libro “Al encerado”, de Ignacio Elguero de Olavide, título que es una frase que la cantante yeclana Soledad Giménez comentaba de su etapa del colegio. Un profesor de Matemáticas que ejerció de bibliotecario; o una profesora de Historia que dio clases de Filosofía y le echaba una mirada a la “historia del día a día”, a la intrahistoria; o un profesor, que en clase de Literatura, montaba unos curiosos debates filosóficos y de la vida cotidiana; o profesores que utilizaban diapositivas para las clases de Historia del Arte en una exclusiva aula con las ventanas tapadas y un proyector como protagonista indiscutible; o los que alentaban y compartían excursiones a “La Mina de los Colores” en busca de piedras para las colecciones de minerales, o al campo para búsqueda de plantas y flores en las asignaturas de Ciencias Naturales o Biología, o a la Central Nuclear de Cofrentes, o al Museo de Bellas Artes de Valencia y al “Miguelete”, o a exposiciones como la de carteles de Josep Renau o a las de un profesor de Dibujo que compartía la enseñanza con la creación…

Allí estábamos, en esos primeros días de octubre de hace cincuenta años con las preocupaciones de los desplazamientos en autobús desde los pueblos, dos horas diarias de media repartidas en cuatro viajes, fue casi veinte años después, en la última década del siglo XX, cuando se crearon institutos en más pueblos, en uno de los nuevos cambios legislativos que amplió la educación obligatoria hasta los dieciséis y modificó la ubicación de los dos últimos cursos de EGB, o desde entonces Educación Primaria, de las escuelas alos institutos para entrar con doce años; con la búsqueda de los libros que, a veces, no llegaban hasta bien entrado el primer trimestre del curso; con las becas y esos trabajillos que buscábamos para comprarnos los libros (recoger ciruelas, almendras y olivas, repartir ropa de una tintorería, echar horas en alguna tienda o en el mercado, dar clases a primos, familiares, vecinos… o ayudar a hacer mochos, a cortar hilos de los cosidos…).
La pequeña cafetería del instituto también era parte de nuestro tiempo, allí compartimos bocadillos de caballa con mahonesa o una especie de trenza de crema como alternativa de bollería, que eran las estrellas del menú, después alguna tila, manzanilla, poleo, café… y como refresco Trinaranjus. Imágenes que han quedado en la retina, almacenadas en los archivos de la memoria de 1975 que iba a ser de cambio general en menos de dos meses, con una semana de vacaciones en noviembre, unas celebraciones litúrgicas y, después, a seguir adaptando las novedades a la evolución de la vida.

spot_img
spot_img

Más artículos

Artículos relacionados

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Últimos artículos