Merecido homenaje al poeta Vicente Carpena Gil

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El pasado 16 de diciembre, el Círculo Poético de Yecla, al cual me enorgullezco de pertenecer, le dedicó un merecido homenaje a nuestro paisano y gran poeta Vicente Carpena Gil. Un hombre de carácter sencillo y humano que encierra en su interior a uno de nuestros mejores poetas, el que ha dedicado parte de su larga vida, 93 años, a componer infinidad de bellos y atrayentes poemas dignos de ser conservados, con los que ha conseguido numerosos premios y galardones que llegan a componer parte del patrimonio cultural de nuestra ciudad.

Ese día, el salón de actos de la Casa Municipal de Cultura gozaba de un cálido y enfervorecido ambiente producido por familiares y amigos del poeta, entre los que se encontraban los miembros del Círculo, congregados allí para homenajear en vida, como deben hacerse los homenajes, a esta gran persona y erudito poeta y escuchar en las voces de los componentes de este Círculo la recitación de una selección de sus bellas poesías y sonetos en los que vislumbraran el arete y la sensibilidad de este exquisito poeta.

El concejal de Cultura Jesús Verdú abrió el acto y al hablar de él dijo que “es un catedrático del soneto”. El presidente del Círculo Poético Ramón Palao resaltó en su intervención su gran sencillez, su humanismo y el profundo sentimiento costumbrista que se desprende de sus elaborados sonetos de estudiada métrica y que en el Arte Clásico se apoyan todas las tendencias, incluso las más vanguardistas. Nuestro compañero del Círculo Joaquín Val hizo una semblanza del personaje muy emotiva en la que biografió su infancia y juventud y su afición por la poesía que ya memorizaba antes de aprender a leer y resaltó su gran labor poética hablando de su abúndate obra, de los premios conseguidos y de cómo el Círculo Poético fue planificando este homenaje que tanto merece, queriendo que él estuviese presente para poderlo disfrutar. Emplazó al concejal de Cultura para que su obra poética sea publicada por el Ayuntamiento a fin de que no se pierda, para que los yeclanos podamos deleitarnos con ella como rico patrimonio que durante su larga vida nos ha dejado.

En homenajeado, que tiene una gran sensibilidad, pudo gozar de este acto en su honor acompañado de su hija Herminia María, de su yerno Juan José y de sus nietos, así como de sus amigos y admiradores. Todo emocionado al escuchar las poesías que recitaban los componentes del Círculo, que uno tras otro fuimos declamando, entre las que no faltaron algunas dedicadas a sus nietos, vimos como se tapaba la cara con las manos para que no viéramos que lloraba al emocionarse. Fue esta una velada muy amena y emotiva que vivimos y saboreamos junto a este gran poeta, la que llegó a caldear el ambiente de forma entrañable entre poemas y aplausos dirigidos al homenajeado. Al acabar dicho acto, Vicente recibió un gran tributo de reconocimiento a su labor de parte de todos los que estábamos allí y nos hicimos una fotografía junto a él como recuerdo para que perdure este rato inolvidable que pasamos junto al poeta y su familia.

Estos son bellos momentos pasados para recordar y guardar, al igual que los versos de este gran poeta que deben perdurar en el tiempo para que durante muchos años los yeclanos nos podamos deleitar con ellos. Miguel Ortuño lo evocaba como “el poeta de las Fiestas de la Virgen” por la gran cantidad de poesías que escribió sobre estas y por los muchos premios conseguidos en los certámenes literarios que organiza todos los años la Asociación de Mayordomos. Vicente, además de ser un excelente poeta y un buen prosista, es también un gran amante de su pueblo y de sus tradiciones. Pero por encima de todo, está su amor a la Virgen del Castillo y el cariño que sentía hacia su esposa Herminia. Es por eso por lo que deseo y creo que debo acabar este escrito con dos de sus sonetos a ellas dedicados. Entre los muchos que dedicó a la Virgen he elegido este:

“Mirad esta mujer maravillosa
de azul celeste con primor vestida.
La estrella más fulgente y encendida,
a más exuberante y fresca rosa.

Que de manera dulce y deliciosa
tiende la blanca mano decidida
a levantarme a mí de la caída,
la fuente de amor más caudalosa.

Esta, que pone en pie los corazones,
la más divina y regia soberana
que brilla bajo el sol de la corona.
Entre cascadas de tirabuzones,
la más hemosa y celestial yeclana,
es la Reina de Yecla, mi Patrona.”

La dedicada al fallecimiento de su esposa “Si supieras…”, es digna de figurar en los anales de la poesía castellana:

“Si supieras, Herminia, si supieras,
qué largos los inviernos y veranos
recordando tus besos artesanos
y qué tristes también las primaveras.

Si supieras, Herminia, si supieras,
que añoro las caricias de tus manos,
mientras mis brazos ávidos tiranos
eran de tu cintura enredaderas.

Si supieras también cómo reclama
el calor de tu cuerpo el cuerpo mío
si supieras Herminia, cuánto frío
en estas soledades de la cama
desde que se apagaron las hogueras.

Si supieras, Herminia, si supieras…”