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«Ex – Libris» – 8 de Marzo

Por Esperanza Esplugues Megías

Entre los libros que, como consecuencia de tiradas pequeñas, se quedan pronto fuera de las librerías está “Fabia Linde y otros cuentos“ con edición de María Martínez del Portal, que recopila relatos de Azorín diferentes a los que hay que leer por obligación en los colegios o “El Viaje” de Pura Azorín Zafrilla, II Premio de novela corta Castillo-Puche, que narra una historia que despierta la imaginación con los montes de Yecla como paisaje y telón de fondo y, que ahora con la celebración del “Centenario del descubrimiento de las Pinturas Rupestres del Monte Arabí” se podría tratar de que fuera más conocido y valorado, sobre todo para las generaciones que nacieron cuando estos libros ya estaban agotados.

Hay libros escondidos que los lee gente curiosa o interesada por determinados temas como el de Mª Carmen Maldonado “Castillo-Puche: trayectoria de una liberación” un libro que ofrece una visión diferente de un personaje-autor nacido en Yecla y recriado en el mundo. Libros que recopilan vidas como el de Pilar Mir y su “Traje de cerezas” con historias que, quizás, contara a sus nietos como tantas otras abuelas, o “Toda una vida “, un libro curioso, muy difícil de encontrar y especial en su composición con un amplio equipo de redacción y con los textos de varias personas-autores que reúnen sus vivencias siendo personas que, habiendo estado alejadas de las letras en su infancia, necesitaron de un esfuerzo inmenso para aprenderlas a lo largo de su vida, con la satisfacción de poder utilizarlas en su madurez para, a través de ellas, contarles a las generaciones posteriores sus vidas del día a día y sus andanzas.

Aparecen libros de poesía como los de Lola Vicente, entre ellos sus deliciosos “Haikus a Granada” o el libro “Zéjeles de amor”, también “El eco de Cylea” o “Egelasta”,… otros más de poesía como el libro de Manuela Lorente Lax, “Días de antes” o el de Marta Zafrilla Díaz “Toma sostenida”, que también escribió “Mensaje cifrado” una historia dirigida a lectores jóvenes por la que recibió el Premio Gran Angular en 2007. Si hablamos de teatro infantil y juvenil, tenemos el libro “Cosas de Yecla” de Concha Martínez Ortega con ilustraciones de Griselda Ruiz González. Después podemos nombrar a Pilar Polo Carreres la única, hasta el momento, que ha honrado con su nombre el callejero local y que tiene en su haber cuentos, novelas y teatro: “Cuentos Yeclanos“, “Una mujer de bandera”, “Perfiles Grises”, “Teatro: Amor a la tierra y otras comedias Yeclanas”,

Libros más nuevos como el de Charo Cutillas Hernández “Sabor a ron” que permite soñar con escribir por el placer de hacerlo para que otros lectores lo disfruten, o el de la jovencísima Lucía Sánchez Hernández con su “Pétalos de Sangre”, una historia para contar a sus propios compañeros o el libro de Carmen Buyolo: “Vínculo”, leído en grupos que van comentando los hechos y recordando sus vivencias personales en los mismos escenarios de Yecla que se recrean en sus páginas. O libros como “Las mujeres son malas” en el que Blanca y Ana Azorín desgranan sus letras en cuentos sobre “la maldad” de la mujer. Otros que también recopilan pequeñas historias son los de la serie “Cuentos para…” editados por José López Rueda y Lola Vicente que reúne escritos con el telón de fondo de las tres ciudades visitadas hasta el momento: Murcia, Segovia y Toledo y en los que también han participado Mercedes Molina Mir y Lourdes Ortega Puche. Junto a estos, los libros que agrupan los relatos ganadores del “Premio 8.Marzo”, pequeños, no solo por su longitud, sino también por la edad de quien escribe.

Y hay otros que, restringidos a una distribución gremial y de escasos lectores, deberían servir de germen para estudios que puedan abrir nuevas perspectivas, entre ellos “Artesanos de la innovación” cuya redacción y edición corre a cargo de Raquel Ortega Martínez e Inmaculada Hernández Martínez.

Hay muchos más, algunos como “Pisando charcos”, “El camino del aire” o “Dónde está el Sr Spock? de la ya nombrada Pura Azorín Zafrilla quizás aparezcan en alguna librería o biblioteca para deleite de lectores más jóvenes; otros, sin embargo, escasean incluso en nuestras bibliotecas como “Sin y la veleta” de Julia Figueira; otros escapan al conocimiento más nuevo y están incluso más escondidos en anaqueles y baúles oscuros; otros se diluyen en compañías o en ediciones críticas y hay otros que, por casualidad, encuentran ellos mismos al nuevo lector en los mercados outlet, muy apropiados a la época que nos toca vivir, o en las siempre sorprendentes librerías de viejo, en uno de esos extraños lugares estaba el libro “1960-1996. Premios Gabriel Miró” en el que se agrupan todos los relatos premiados en esos años, la representación de Yecla: “Me Acuerdo“ de María Martínez del Portal (1961) y “Tiempo de inocencia” de Pura Azorín Zafrilla (1991), dos historias más para conformar el espacio textual que son los libros, siempre necesitados de lectores que le den vida y no de escondites en sitios escasos de luz, donde sus hojas no se ventilan con el aire fresco de nuevas lecturas.

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