Daniel Ortuño Ibáñez
Rubén Ortega González (31 años) es arquitecto en Berlín. Una estancia de seis años en Alemania que ha moldeado por completo su perspectiva frente al futuro.
En este mes de marzo, “Yeclanos por el Mundo” se traslada al corazón de Europa, concretamente a Berlín, donde reside nuestro paisano Rubén Ortega González (31 años) desde hace seis años. Rubén estudió una carrera universitaria en Valencia orientada al mundo de la arquitectura y pudo experimentar la vida en el extranjero por primera vez gracias a una beca Erasmus; aquello, sin duda, dejó huella: “A partir de entonces, después de terminar el grado y de conseguir algo de experiencia laboral en España, pensé que no estaría mal vivir fuera otra vez”. Los planes de Rubén, sin embargo, acabaron discurriendo por otro camino: finalizada la carrera, obtuvo una beca para seguir formándose en Barcelona durante aproximadamente ocho meses, pero después de aquello no consiguió encontrar ningún trabajo que le satisficiera. Aun así, él no desistió: “Además de buscar en España, decidí ampliar mi horizonte y puse el foco en una oficina española de arquitectura ubicada en Berlín. Sabía que en este sector me iban a pagar poco, pero gracias a otras becas y ayudas pude equilibrar mi salario lo suficiente como para establecerme allí”.En un primer momento, se trataba de un contrato temporal de prácticas para medio año, pero Rubén disfrutó tanto la experiencia y conoció a tanta gente nueva que decidió continuar su estancia en Alemania. Hasta hoy, ha trabajado en tres oficinas de arquitectura diferentes.
Vivir fuera de España nunca había estado en los planes de Rubén hasta aquel Erasmus, que cambió por completo su perspectiva: “No me convencía la idea de vivir en otro país y tampoco me sentía cómodo hablando otros idiomas. Pero tras acabar la carrera y valorar las oportunidades laborales que Alemania me ofrecía, no me lo pensé dos veces”. Además, con aquella decisión, Rubén también pudo matar varios pájaros de un tiro: “Al quedarme aquí, también aproveché para mejorar mi nivel de alemán y para explotar mi gusto musical, puesto que Berlín es considerada la capital de la música electrónica, mi género favorito. Digamos que, junto con la oferta laboral, esos tres fueron los principales incentivos para permanecer en Alemania”.

En estos seis años, Rubén ha acumulado las suficientes tablas como para hablarnos de la personalidad de los germanos: “Como suele ser costumbre con los centroeuropeos, por lo general, los alemanes son muy legales en todos los sentidos, tanto para lo bueno como para lo malo. Por ejemplo, aquí tengo menos miedo que en España a que me roben la bici si la dejo aparcada en la calle; y si me salto un semáforo en rojo cuando no viene ningún coche, tengo claro que alguien me lo reprochará. Ellos tienen sus propias normas, puede que algo estrictas, pero hay que respetarlas. Quizá por eso a veces dan la impresión de ser un poco gruñones”. En medio de ese gran contraste, Rubén nos cuenta: “Lo que más echo de menos de los españoles tiene que ver con el idioma. A veces, quiero usar una expresión típica nuestra o intentar traducirla al alemán para que se entienda, pero no es posible. En ese sentido, al pasar de una lengua a otra uno pierde parte de su esencia y de su naturalidad”.
Por otra parte, Rubén nos confirma los rumores acerca de la lengua alemana: es muy complicada. Él llegó a Alemania con un nivel intermedio y desde el principio se mostró muy activo para perfeccionarlo: “Aprendía por mi cuenta, encontré gente para aprender en tándem (una persona me enseña alemán y yo a ella español) y poco a poco me desenvolvía mejor”; y añade, entre risas: “Para mí, si consigues enfadarte y tener una discusión en otro idioma, significa que ya eres experto”. Últimamente, la rutina y las exigencias del día a día han hecho que Rubén baje el ritmo en cuanto al idioma, pero no descarta reanudar pronto su aprendizaje para dominarlo a la perfección.

Al pensar en Yecla y en España, Rubén reconoce que vuelve pocas veces al pueblo y que le gustaría hacerlo más, especialmente en etapas tan duras como el invierno: “Uno dice que en Yecla hace mucho frío hasta que lo vive en Alemania. La nieve, el cielo nublado, el río congelado, el anochecer a las tres de la tarde… pueden despertar curiosidad al principio, pero luego cansan”. Nuestro yeclano admite que echa de menos la comida, las horas de luz y la alegría de la gente, aspectos que Alemania tiene todo el derecho del mundo a envidiar de España.
Después de todo, ¿se ve Rubén haciendo su vida en Berlín de forma permanente? A corto plazo, él sabe que lo mejor es quedarse allí: ha construido su vida y ha encontrado personas que lo acompañen en su camino, al igual que una estabilidad que España no podría garantizarle de manera tan segura. Sin embargo, Rubén prefiere no pensar mucho en el largo plazo: “Pienso en cómo sería regresar a España ahora y no lo tengo muy claro. De momento, en Berlín tengo todo lo que necesito y ya me he acostumbrado a los ritmos de la ciudad y su gente”.













