Raúl García García (30 años) es un aventurero nato que ha encontrado un espacio de crecimiento en Suiza. Nos habla de su trabajo, las gentes y los paisajes que lo cautivaron desde su llegada.
DANIEL ORTUÑO IBÁÑEZ
En el aniversario del regreso de esta sección a nuestras páginas, este mes en “Yeclanos por el Mundo” compartimos la historia de Raúl García García, un paisano de 30 años que pasó una larga temporada recorriendo Europa hasta encontrar finalmente su nueva zona de confort, Suiza, hace ya cuatro años. Antes de asentarse en el país helvético, Raúl estuvo viviendo y trabajando en muchos y muy diversos lugares, tales como Francia, Países Bajos y Escocia; como podemos ver, tiene un gran espíritu aventurero. Nos cuenta que la decisión de establecerse en Suiza fue fruto de la pura casualidad: “Unos amigos y yo fuimos con nuestras furgonetas a hacer un viaje de mochileros por el este de Europa, y al volver queríamos pasar por Francia para buscar trabajo allí. De camino, visitamos a unos amigos en Suiza. Al ver la calidad de vida que tenían, decidimos quedarnos y buscar trabajo, algo que no fue nada fácil al principio, pero conseguimos encontrar algo”.
Concretamente, lo que Raúl encontró fue un trabajo como temporero en una granja ecológica gracias a un amigo que contactó con él: “Necesitaban gente y me llamaron. He trabajado en granjas otras veces, pero nunca en una ecológica. Al no utilizar fertilizantes ni productos químicos tóxicos, tenemos la ventaja de contar con unos productos de mucha más calidad que los de granjas convencionales”. Hace unos años, todos recordamos cómo agricultores y ganaderos de toda Europa acapararon los telediarios con motivo de las polémicas regulaciones impuestas al sector primario. Aunque su granja no se vio especialmente afectada por aquellos acontecimientos, Raúl quiso aprovechar para reivindicar la importancia de su labor: “La mayoría de explotaciones agrarias y ganaderas sobreviven gracias a las ayudas de los gobiernos, y es fundamental protegerlas por el gran impacto que tienen sobre el sistema y la sociedad. Al fin y al cabo, los trabajadores del sector primario damos de comer de manera directa a todo el mundo y eso es algo que hay que valorar”.

Desde una faceta más personal, Raúl nos confiesa que a veces resulta difícil establecer lazos con los suizos: “El choque de personalidades se nota a la hora de socializar. Los españoles somos más echados “pa’lante” y la gente de por aquí es mucho más reservada. Por suerte, como en Suiza hay muchos temporeros españoles, hemos creado grupos y hacemos planes todos juntos”. Nuestro yeclano nos cuenta también que, desde que vive en Suiza, su mayor debilidad es la naturaleza: “Comparas los paisajes que tenemos en Yecla o el sur de España en general, y no hay color; aquí todo es verde, lleno de lagos, ríos y montañas altísimas. Para una persona como yo, aficionada a la escalada y al senderismo, esto es un paraíso”; aunque, como con todo, existe la otra cara de la moneda: “Diría que lo que menos me gusta de Suiza es el exceso de restricciones que hay, especialmente en todo lo relativo a parajes naturales. Es casi imposible encontrar lugares para acampar o zonas para hacer rutas que no estén reguladas por la ley. Supongo que todo esto es consecuencia del turismo, que cada año aumenta de forma masiva en un país tan pequeño como este”.
Su condición de temporero permite a Raúl volver a Yecla todos los otoños y librarse así de los inviernos alpinos, que son realmente duros: “Además del clima, cada vez que vuelvo a nuestro país doy gracias por la increíble riqueza gastronómica que tenemos; en Suiza no hay nada que rivalice con ella. Las dos cosas que más se echan de menos son siempre la comida y la gente”. Respecto a su futuro próximo, Raúl tiene claros sus planes: “De momento, estoy muy a gusto trabajando por temporadas en Suiza y tengo pensado seguir haciéndolo varios años más, pero sé que mi lugar está en nuestro pueblo. De hecho, con lo que he ahorrado hasta hoy he conseguido comprarme un terreno en Yecla y mi siguiente proyecto es hacerme mi propia casa”, y nos deja una reflexión final increíblemente emotiva: “Aunque no queramos, las raíces tiran de nosotros, y yo siento que Yecla es adonde pertenezco”.













