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LA QUEMA DE LAS IGLESIAS EN YECLA EN 1936 (III): LOS TESTIGOS

Juan Muñoz Gil

Ante la providencia del Juzgado de Yecla para averiguar la persona o personas responsables de la barbarie ocasionada en la ciudad, tanto a las Iglesias como también al Sindicato Católico Agrario, Centro de la Sociedad de Agricultores, Oficinas Recaudatorias, local de D. Ricardo Tomas Lorenzo, el despacho de Hermanos García Mompó, y que tras la inspección ocular constatada por el Juzgado, se procede a la búsqueda de testigos que puedan denunciar a los autores del hecho delictivo ocasionado en los días 16 y madrugada del 17 de marzo. Para ello el día 21 envía el Sr. Juez Vázquez Naranjo oficio al Brigada del puesto de la Guardia Civil, D. Juan D. Corbacho, requiriéndole identifique a los autores de los incendios, y el 26 de dicho mes, remite escrito a Su Señoría diciendo que “tras las diligencias practicadas en la búsqueda de las personas implicadas en los incendios, no se ha podido averiguar quiénes son los autores, no obstante se dará cuenta del caso favorable”.

También, el mismo día 21 se envía análogo oficio al Inspector de la Policía Local D. Pascual Azorín, quien tres días después contesta “que no se ha podido averiguar el autor o autores de tales hechos. Únicamente se sabe que fueron los incendios ocasionados por las turbas”. Ante la escasa colaboración de las fuerzas locales del orden público, el Sr. Juez, por iniciativa propia, consecuente y responsable a su deber, fue llamando a más de 16 testigos, quienes a su juicio consideró que pudieron estar presentes en el lugar de los hechos, al ser los lugares incendiados o destruidos sus habituales zonas de trabajo.

Así, comparecen ante el Sr. Juez el profesor del Instituto Sr. Manuel Castañeda y el portero, Sr. Juan Romero, como ya comentamos en un artículo anterior y además, citó al bedel de dicho Instituto Sr. Francisco Leguí Marco, declarando que “vio un grupo de gente que se dirigió a la Iglesia de la que sacan los santos y otros enseres que arrojan a una hoguera, y que no conoció a nadie por ser forastero y llevar poco tiempo en la ciudad”. Seguidamente presta declaración D. Ricardo Martínez Azorín, empleado de la Oficina de Recaudación de Contribuciones, y declara que no estuvo presente, pero por referencias sabe que rompiendo las ventanas del edificio penetraron en ella y sacaron a la calle documentos y recibos y los incendiaron. También D. Enrique Vidal Monllort, auxiliar de esas oficinas, dice “se encontraba en su domicilio que estaba en la parte alta de las Oficinas de Recaudación, oyó un gran tumulto a eso de las cinco y media de la tarde, apercibiéndose que de manera violenta asaltaban las turbas los locales sacando documentos y recibos y arrojándolos a una hoguera que habían hecho en la Calle de España, no salió de su casa por las detonaciones de disparos que se oían en la calle, y a la mañana siguiente se marchó a Villena y no conoció a nadie por el hecho de ser muchos y desconocidos”. Seguidamente D. Vicente Gil Giménez, también empleado de Contribuciones, declara “no vio nada al no estar presente, enterándose después de lo ocurrido”. Y D. José María Gil Fernández, Recaudador, declara que “por referencia de sus empleados tuvo conocimientos de lo ocurrido y que al vivir en Jumilla no puede aportar más datos”.

También comparece D. Pascual García Carpena, auxiliar de farmacia y declara que “como encargado desde hace muchos años de la botica de D. Ricardo Tomás, ante los rumores que corrían que atentarían contra él y sus intereses, se marchó a Caudete cerrando la farmacia unas horas antes”.

La declaración de D. Pascual Carpena Muñoz, que hacía un mes que era conserje de la Sociedad de Agricultores dice que “el día de los sucesos vio el cariz que tomaba la calle y decidió no abrir la Sociedad quedándose en su casa, enterándose por la noche que habían prendido fuego a los muebles y enseres que había en la misma”. También D. José Antonio Marco Sánchez, vicepresidente del Sindicato Católico de esta Ciudad, dice que “por la tarde entraron el en local violentamente las turbas prendiendo fuego al despacho y quemando los documentos que se guardaban en los cajones y estantes”.

La declaración de D. Francisco Brotons Castaño, colleronero, tras un primer testimonio, le vuelve a llamar el Sr. Juez para que de una manera concreta precise los nombres de las personas que formaban el grupo que dijo ver venir cuando se encontraba hablando con D. Victoriano García Mompó en la puerta de la casa que éste tiene la oficina de su negocio de muletero, a la que entraron y quemaron escrituras, recibos y cuanto en ella había y cuenta que “era tan numeroso el público que se había congregado, que excedía de dos mil personas, y por la actitud levantisca de que se veía venían animados, provistos de armas muchos de ellos, y que el dicente se sobrecogió de tal manera que no pudo fijarse en nadie con verdadera precisión, únicamente recuerda que los que venían al frente de esa manifestación eran muchachos de dieciséis a veinte años y no puede dar el nombre de ninguno porque los desconoce”.

Relatadas estas declaraciones, la presencia de Guardia Civil, Policía Local o Guardia de Asalto, se puede decir que brilló por su ausencia, cumplimentando simplemente en los escritos requeridos por Su Señoría “que los incendios de las Iglesias fueron ejecutados por turbas”.

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