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LA SEMILLITA

 

«Me iré al otro barrio, y ojalá que sea después de usted, querido lector, con la satisfacción de dejar aquí a cuatro personas hechas y derechas»

Escribir sobre el día del padre en plena crisis del nido vacío es peor que flagelarse. Aquí mismo he defendido que los hijos no tienen ninguna obligación de amar o llevarse bien con sus padres. Ninguna. Somos los padres los que tenemos que ganarnos su cariño y respeto porque ellos están en este mundo únicamente porque nosotros, sus padres, hemos querido traerlos a este valle de lágrimas.

Pero aún así a mí me gusta celebrar cada año el día del padre en plan autoestimulación que ahora está tan en boca de todos. Y de todas. Amor propio que decíamos antes. Me lo tomo como un día que me dedico yo a mí mismo y a todo mi mecanismo. Me da igual que nadie se acuerde de mí el 19 de marzo.

Pero yo estoy muy orgulloso de mi paternidad y por ende de mis tres hijos y mis dos nenas. Por suerte para ellos en nada se parecen a mí. Tienen algún ramalazo de este, su padre, pero son muy distintos al arriba firmante. Como se suele decir, hijos del mismo padre y la misma madre, que yo sepa, pero entre ellos son muy distintos.

Si en algo se asemejan, y creo que es un rasgo muy común hoy entre los jovenarios, es que no les gustan nada las celebraciones tipo el día del padre, el día de la madre o san Valentín, pero cuando llegan sus santos y cumpleaños están deseando que nos acordemos de ellos y de ella.

Aclaro: Esto del lenguaje no sexista es un rollo macabeo, hijos e hija, hermanos y hermana, ellos y ellas. No creo que nadie ponga en duda que cuando hablo de mis hijos me estoy refiriendo a mis tres hijos, y a mi hija. ¡Me niego a decir hijes! Yo digo sobrinos, hermanos, amigos, compañeros… En fin, cosas de estos tiempos tan modernos en los que ya no sabe uno cómo hablar para que no le den la matraca. (Punto y aparte, y aparte usted que viene un padre orgulloso, o séase, yo).

Puedo celebrar y quiero seguir celebrando el día del padre. Mis hijos no lo saben pero celebrar el día del padre es celebrar que ellos son mis hijos. A lo mejor se lo tenía que haber dicho hace tiempo, cuando eran muy pequeños y me los echaba a todos al hombro a la vez.

Si celebro el día del padre es porque tengo la suerte de tener a mis hijos, y si tengo a mis hijos es que tengo todavía mucha más suerte de ser el marido de mi mujer, o como dicen los rancios en Yecla, aquí mi señora. Aunque soy padre un poco también gracias a mi aportación porque me suena que algo tuve que ver aunque con los años no lo recuerdo bien del todo.

Ser padre significa otra cosa que cuando estire la pata, y ojalá sea después de usted, querido lector, me iré con la música a otra parte orgulloso por dejar en este barrio a cuatro buenas personas hechas y derechas que a su vez se multiplicarán, al igual que antes se multiplicaron mis padres y mis abuelos y los padres de mis abuelos. Por más vueltas que le demos, estos es así y así tenemos que admitirlo. Es lo que tiene plantar la semillita, como nos explicaban de niños, cuando los niños no estábamos tan espabilados como los de ahora. Pero ese es otro tema.

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