Patente de corso

La “Patente de Corso” fue ese dichoso documento con el que se autorizaba cometer delitos para así mermar el poderío de potencias emergentes en los siglos XVI y XVII, y fue el Reino de España quien mas sufrió el pirateo de sus barcos cargados de riquezas provenientes del Nuevo Mundo, siendo este enunciado la frase que ha quedado instaurada en el habla popular confirmada por varios de los autores del Siglo de Oro Español.

Y en Yecla, todavía estos epítetos se repiten para criticar con derecho a hacer daño a otro revirtiendo a un tercero el beneficio de la infamia, pero obteniendo el descarado  ejecutor de la felonía, prebendas, canonjías o favores más o menos sustanciosos. También el nominativo que hoy define a estas personas y que ha sustituido al de bucaneros, piratas o corsos, ha declinado en alcahuete, zascandil o correveidile, supeditados  a cualquier entidad con poder reforzando con sus infamias la autoridad delegada y a veces por mero egoísmo individual.

Ocurre también que cualquiera de estas lindeces se la adjudican gentes con licencia para difamar y sin recibir aparentemente ningún bien por el mal que tan  rastreramente realizan, siendo esta una actitud gratuita motivada por cuestiones sicológicas de obcecación inculcada, propia de la idiosincrasia de ciertas personas. Estos casos se suelen dar en partidos políticos, corporaciones sociales, grupos de amigos y hasta entornos familiares, con un  desenfrenado nepotismo donde la envidia suele ser la consejera. Hacer o desear al prójimo el daño mas inadmisible solo por haber tenido éxito o suerte en su vida, es esta una franquicia que se asignan infinidad de gentes, y así nos va en este mundo en el que, como cada vez lo estamos ocupando muchos más terrícolas,  también aumentan los “cavernícolas” que vituperan haciendo de las suyas.

Y centrándonos en Yecla, los calumniadores catalogados en nuestro pueblo, como también así ocurría en los mares atlánticos durante aquellos años de poderío imperial siendo Francis Drake quien se llevó la palma, se puede formular una lista interesante auspiciada por  el desarrollo industrial mueblístico que se generó en nuestro pueblo, y todavía sigue en ello con actividades derivadas o supletorias del mueble, lo que ha permitido persistir siendo esta Ciudad un enclave industrial de los más importantes de la región.

Y el chabacaneo crítico en el que no se deja títere con cabeza cuando se conversaciona en esas tertulias de terraza, que resultan como liberadoras del trauma diario que esta vida moderna arrastra consigo, y ocurre que si de la noche a la mañana un humilde agricultor o simple peón de brega aparece por sus calles alardeando de un poderío económico sin parangón, donde solamente eso era propio del señorío local o de unos pocos  englobados en familias concretas de más o menos abolengo, aunque   de un día a otro el panorama cambió, y los mejores coches, casas, haciendas, ropas o sobre todo solvencia, pasó al dominio de toscos villanos sin derecho a merecer tales logros, siendo una cuestión imperdonable por aquellos pocos que consideraban esa situación de privilegio como algo privativo y  durante siglos ya propio por derecho de cuna y sapiencia.

Y fue este desconcierto generacional del status quo, lo que generó y motivó la dispensa de patentes de corso a  ciertos individuos dispuestos a degradar a esa generación emprendedora y creativa a cambio de migajas, o bastando en ocasiones la mera satisfacción egoísta de quienes se quedaron en el camino al no atreverse a ejecutar las ideas o sueños  que la vida en aquellos momentos pudo ofrecerles.

Gracias a que las generaciones actuales han logrado difuminar esas diferencias sociales, considerándose como un gran logro de la democracia superar la apatía hacia el otro, al existir un mismo rasero de oportunidades y equidad comunitaria, aunque nunca faltarán individuos con patente de corso para malograr esta situación de convivencia.

Y ya que como tal poeta se me denomina, viene al caso trascribir unos versos en los que reflejar elogiando a la empresa familiar más importante de nuestra Comunidad, predispuesta a sufrir detracciones por tan elocuentes logros cosechados en su haber.

 

SONETO A LA FAMILIA “FUERTES”, CREADORES DE LA EMPRESA “EL  POZO”

 

   Se cuenta que érase una vez

una familia humilde y buena

enfrascada en activas faenas

para producir y prosperar tal vez.

 Aunque sin faltar un y otro revés

y nunca exentos de sufrir penas,

ni tampoco esa envidia ajena

cuando se logra centellear solidez.

  Pocos saben del tránsito oscuro,

días y noches sin descansar siquiera

perfilando un destino seguro,

y la Familia Fuertes se reitera

al crear con “EL POZO” un futuro

que estructuran familias enteras.

                               Juan Muñoz Gil

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