El principal motivo para salvar el Arabí

Antonio M. Quintanilla

Ojalá no nos ocurra que ante tanto ruido con la defensa del Monte Arabí perdamos un poco el norte y nos vayamos por los Cerros de Úbeda, que según el diccionario de dichos populares significa “irse por las ramas, divagar o alejarse del tema principal”. No digo con esto que no debamos seguir alzando la voz a grito ‘pelao’ por tierra, mar y aire, manifestándonos día sí y día también sin dejar de apretar en ningún momento porque (otra expresión de siempre), solo apretando se hacen las buenas escobas.

No tiraremos la toalla hasta que la bandera blanca ondee de una vez por todas en señal de que se ha rendido ese proyecto sin pies ni cabezas de construir una macro granja ‘cerdícola’. Hasta que llegue ese momento y cantemos victoria, ni un minuto de tregua en nuestras reivindicaciones, conscientes de que si no lo conseguimos a la primera ni a la segunda ni a la tercera, llegaremos hasta donde haga falta.

Y ojalá la manifestación de este 11 a las 11 sea el empujón definitivo. (Punto y aparte). Cuando hablo de no irnos por las ramas digo que quizás estemos damos más explicaciones de la cuenta, como si todavía quedara alguien que no conociera el inmenso valor del Monte Arabí.

Miles de veces, todos y cada uno de los vecinos de Yecla (de buena voluntad, por supuesto), hemos recordado que el Arabí está declarado BIC, Bien de Interés Cultural, Espacio Natural Protegido en la categoría de Monumento Natural, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo… (Eso ya lo sabemos todos. Y también lo saben quienes lo tienen que saber y los que no quieren saber nada).

Hablar del Monte Arabí es también hablar de “un preciado bosque de pinos carrascos, encinas y numerosas especies de flora, como coscoja, sabina negral, madroño, efedra, espino negro, jara blanca”, según voy repasando en varias páginas dedicadas al Arabí. En cuanto a la fauna: “Numerosas especies de vertebrados e invertebrados, escarabajo ergates faber, lagartija colirroja, salamanquesa común, culebra de herradura, gato montés, zorro, especies de rapaces, córvidos, paloma zurita, roquero solitario, collalba negra, verdecillo, gorrión chillón…”.

¿Pero para qué tantas explicaciones cuando hay una sola razón que por su peso cae como una losa, aunque el Arabí fuera un secarral de matojos, yermo, desierto y solitario con cuatro cagarrutas de cabras? (Punto y aparte y vamos terminando). Y es que muy por encima de todas sus maravillas, reconocimientos y catalogaciones, está el hecho aplastante de que los yeclanos hemos dicho: ¡¡No, el Arabí no se toca!!

Esa es la razón de más peso, el principal argumento para frenar este atropello. ¿Qué palabra no habrán entendido antes, ahora y siempre en Alhama cuando toda Yecla exclama: ¡No, el Arabí no se toca! Atentar contra el Arabí, por encima de todo, es pasarse por el Arco de los Reyes Católicos la voluntad popular de Yecla y los yeclanos. Y eso es grave, muy pero que muy grave.

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