17 C
Yecla
sábado, 2 mayo, 2026
spot_img

Tener un Pueblo

Juan Muñoz Gil

Tener un pueblo tuyo es sin duda alguna el mayor dominio del que cualquier persona se puede vanagloriar. Ese entorno íntimo y único capaz de acomodar la idiosincrasia de un ciudadano cualquiera, genera satisfacciones y complacencias a modo de galardón cuando la historia de un reducto determinado del que se acaba formando parte, bien sea por activa o pasiva, es algo de lo que no podrán desentenderse de por vida. Serán sus calles, plazas, gentes, vivencias, efemérides etc, como partes mismas del individuo, y cuando esta circunstancia se da en esos inmensos entornos cosmopolitas y mundanos, al poder confundirse en la diversidad de la metrópolis, se autogestionan característicos barrios donde la esencia de pueblo sigue manteniéndose intacta entre las gentes que los ocupan, resaltando símbolos y atributos que definirán para siempre el carácter y la personalidad del grupo que cohabita dicho entorno singular.

Esos esenciales motivos, cercanos e íntimos, persisten en tantos otros pueblos así como en Yecla, con su cúpula listada de azul y blanco, la Basílica, el Jardín con su característico Palomar, las calles empinadas de la primitiva ciudad, La Iglesia Vieja, su Torre y Friso de cabezas esculpidas de personajes dispares, el Santuario del Castillo y el Monte Arabí, con sus pinturas rupestres y el posible Cromlech y un Dolmen que antiguamente albergó enterramientos, y no menos sus fiestas, lúdicas, agrícolas y patronales, con participación masiva y solidaria logrando perpetuar relaciones entrañables entre sus conciudadanos.

Lugares éstos que ya desde niño van calando, gravándose como rasgos definitivos en toda la colectividad y que a lo largo de sus vidas será el distintivo predominante a rememorar en sucesivos encuentros o tras años de ausencia, como algo propio al ser común en esa época primigenia de la vida del vecindario morador de un lugar determinado, y prevalecerá viva la añoranza en todos aquellos a quienes lejos de su terruño les pudo conducir las múltiples vicisitudes que la vida normalmente encamina a oriundos del entorno propio que les vio nacer, sabiendo todos ellos muy bien la de veces que en esos silencios insondables que en tantas ocasiones se presentan, recordando momentos inolvidables de un tiempo, que aun afrontando las necesidades y carencias más perentorias, no por ello se evita decir esas palabras simbólicas de un significado incuestionable mientras discurren por la imaginación pasajes de la película vivida en un pasado irrepetible con el ánimo y resolución que se vivió, exhalando la inevitable expresión de “Mi pueblo”.

Como hizo ese personaje extraterrestre en la película E T, señalando con su dedo romo y deformado un lejano lugar del Universo a la vez que decía la expresión tan comentada de “MI casa”, y con un mismo énfasis se puede escuchar a yeclanos ausentes y presentes, en un encuentro casual, cuando la presencia del amigo o familiar que les visita forzosamente trae a colación ese tiempo de vida transcurrido en la inocencia y la amistad, dejándose sentir como algo perdido y difícilmente recuperable frente a la crudeza de la vida diaria, que como tal, obligó a afrontar en la mayoría de los casos.

Y la expresión “Mi Pueblo”, por ser el de todos con quienes unos y otros se identifican acarreando tantos contenidos inolvidables por lo que siempre, aun inconscientemente, obligará a alardear al encarnar algo tan propio como ocurre con la familia, la casa, y esos otros elementos que por circunstancias vivenciales suponen un hito característico a resaltar al estar instauradas en el pensamiento como secuencias imperecederas para el resto de la vida de una persona.

Así, la expresión “Mi Pueblo”, siempre vuelve a aparecer en cualquier conversación al asociar lugares e historias con analogías parejas, impactando entre los contertulios y sancionando el momento de lo propio como el acontecimiento más relevante del tratado en el meollo de una conversación.

Evidentemente no faltan negacionistas de lo propio, bien por circunstancias anómalas que pudieron dejar una huella indeleble y dominante en cualquier ciudadano, entre quienes la esquemática expresión “Mi Pueblo” acabará lamentablemente brillando por su ausencia en esos lugareños que por su índole personal se desligaron de la afinidad natural que generalmente prevalece en la mayoría.

spot_img
spot_img

Más artículos

Artículos relacionados

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Últimos artículos

add_filter('wpseo_opengraph_image_size', function() { return 'full'; });