Su arraigo, elaboración típica e identidad propia la hacen excelente candidata a obtener un día su Denominación de Origen
La primera Fiesta de la Empanada, que también sirvió para conocer con más detalles el interior del remodelado Mercado Central, se ha convertido desde esta primera edición en un acertado homenaje a los obradores artesanos de Yecla otorgándoles el reconocimiento público que merecen. Esta iniciativa no solo puso en valor su sabor inconfundible, sino que situó a la empanada de Yecla al nivel de otros ‘manjares’ gastronómicos locales como los gazpachos, el queso frito y las tortas fritas, las pelotas o las gachasmigas, demostrando que la empanada forma parte esencial de nuestro patrimonio culinario. La idea superó todas las expectativas hasta tal punto que muchos asistentes se quedaron sin poder degustarlas por lo que imaginamos que la organización habrá tomado buena nota para la próxima edición. El entusiasmo del público y la implicación de los profesionales nos lleva a pensar por qué la empanada yeclana no podría aspirar algún día a obtener una Denominación de Origen. Su arraigo, su elaboración y su identidad propia la convierten en una candidata con muchas posibilidades.













