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Sobre la festividad de los patronos de la Policía nacional

Como cada año, este viernes día 2 de octubre, se celebra la festividad de los Santos Ángeles Custodios, patronos de la Policía Nacional, que se instituyó en 1926 y que se mantiene hasta la actualidad.

Francisco de Paula García Vélez (*)

Con motivo de esta celebración, me gustaría hacer una reflexión sobre lo que supone ser policía y en lo que, muchas veces, la mayoría de los ciudadanos no reparan.

La labor policial es un servicio al ciudadano que tiene por objetivo proteger a la sociedad de la delincuencia mediante su prevención, además de otros peligros que puedan alterar la normal convivencia. Implica también una labor de auxilio al ciudadano cuando este se encuentra en situaciones que puedan suponer un peligro o riesgo para su seguridad, integridad o salud.

Así resumido, puede parecer una labor sencilla y rutinaria, pero el trabajo del policía en su día a día dice todo lo contrario. Supone un esfuerzo por atender de manera adecuada cada situación que se presenta, ya que su actuación debe llevarse a cabo con el necesario rigor y la humanidad que cada circunstancia demande.

Conseguir la paz social, es decir, que los ciudadanos perciban seguridad y, con ello, puedan desarrollar su vida con confianza, supone tener un alto sentido del deber y una preparación y cualificación profesional elevadas.

Ejercer como policía supone algo más que el tiempo durante el que se presta servicio en horario laboral. Exige una formación continua, ya que la profesión demanda estar al día en todo lo concerniente a temas jurídicos y técnicas de actuación. Exige también una gran fortaleza emocional, puesto que los policías se enfrentan a situaciones de violencia, tensión, dolor humano y riesgo físico.

Todo ello supone un impacto no solo en el propio policía, sino también en su entorno más cercano y, muy especialmente, en la familia.

A todo ello hay que añadir que los horarios desestructurados —turnos rotatorios, servicios en días festivos y noches, requerimientos para el servicio a horas intempestivas— generan una enorme incertidumbre en la planificación de la vida familiar, además de la pérdida de momentos familiares irrepetibles.

Todo ello hace que las familias vivan con una constante preocupación y con un estrés permanente, ya que la carga emocional que acumula el policía no siempre es posible dejarla atrás al finalizar el trabajo, lo que dificulta su desconexión cuando llega a casa.

Ser policía no es solo un empleo; es un estilo de vida que implica asumir el peso de proteger a la comunidad, un compromiso compartido silenciosamente por quienes esperan en casa.

En definitiva, la carrera profesional de un policía se va forjando con su trabajo, con la confianza, con el compañerismo y, muy especialmente, con el apoyo familiar, imprescindible para comprender las peculiaridades de esta hermosa profesión.

Quiero terminar estas líneas con un recuerdo emocionado para todos aquellos que sirvieron antes que quienes lo hacen ahora, pues ellos, con el transcurrir de los años, fueron quienes, con su trabajo y su ejemplo, sentaron las bases de lo que hoy es nuestro Cuerpo.

Feliz día de los Santos Patronos a todos mis compañeros, tanto en activo como jubilados, del Cuerpo Nacional de Policía y, muy especialmente, a sus familias, por el peso emocional que soportan debido a la entrega y dedicación de sus familiares policías.

(*) Francisco de Paula García Vélez es Comisario Honorario del Cuerpo Nacional de Policía

 

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