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Un motivo de Orgullo

La sociedad yeclana mayoritariamente ha avanzado y eso tendría que ser motivo de celebración cuando llega el Día del orgullo

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, cuando hablábamos de personas de color (de color negro, Les Luthiers dixit), siempre salía alguno que para quedar bien afirmaba: “Los negros son también muy buenas personas”. Y cuando la conversación giraba sobre la homosexualidad a algunos les faltaba tiempo para exclamar: “Yo tengo muchos amigos homosexuales y os puedo asegurar que son igual que somos los demás”. Y si encima tenías un amigo a la vez de color y homosexual entonces ya alcanzabas el top 10 como el más moderno y tolerante de la pandilla. (Esto era así y no exagero ni una pizca). Y es que por aquel entonces salir del armario era casi un acto entre épico y heroico, de alto voltaje y máximo riesgo porque se exponían a que todos, hasta los más íntimos, les dieran la espalda y renegaran de él como hizo San Pedro antes de que el gallo cantara tres veces. Y no quiero decir yo ni mucho menos que ningún apóstol saliera del armario en Getsemaní. Entiéndaseme, por favor, que en este pueblo por lo general cada uno entiende lo que le viene en gana por muy clarito que nos expliquemos. (Lo que siempre se ha llamado arrimar el ascua a tu sardina). Pero afortunadamente hoy en la inmensa mayoría de familias yeclanas si tu hijo dice que es gay la respuesta suele ser: “Muy bien, me alegro. ¿Y qué quieres para cenar?”.

La más absoluta normalidad ha ido llegando sin que el mundo se viniera abajo ni el cielo cayera sobre nuestras cabezas. Ese es el motivo por el que me sorprende tanto que algunos colectivos LGTBIQ+ continúen con su combativo y belicoso discurso sin aceptar ni lo más mínimo que la Yecla de ahora nada tiene que ver con la Yecla de la época del diluvio universal. Aunque de vez en cuando te cruces por la calle con alguno que parezca recién salido del Arca de Noé. Siempre habrán aljezones (en Yecla, ‘arjezones’), a nuestro alrededor pero solo se representan a ellos mismos. La mayoría vive con normalidad absoluta la diversidad sexual. Yecla no es perfecta, pero tampoco es Gotham City. Y el que no lo vea que Santa Lucía de Siracusa le cure la vista. Ya va siendo hora de que el Día del Orgullo empiece a celebrar que la sociedad ha cambiado para bien. Chirría y mucho que algunos activistas sigan buscando enemigos intolerantes debajo de las piedras para seguir justificándose, como si en Yecla no pudieran salir ni a la puerta de la calle por miedo a toparse con encapuchados del Ku Klux Klan que les vayan a pegar fuego como a la mismísima Juana de Arco. Pero cuatro gatos (o a lo mejor alguno más), no son la foto real de la Yecla en la que vivimos actualmente. Aquí y allá siempre quedará gente terca, como siempre quedarán moscas cojoneras; gente a la que le gustaría saber lo que ocurre dentro de cada dormitorio porque por lo visto en el suyo se aburre mucho. (Que hubieran estudiado más la vida y la obra de Vātsyā-yana). Y si así empezáramos a reconocerlo, esta conmemoración se habría convertido ya en una gran fiesta para celebrar todos juntos que en Yecla los tabúes, traumas, juicios y prejuicios hace tiempo que pasaron a la historia. Y eso creo yo que debería ser un motivo de Orgullo.

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