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CUATRO AÑOS DE DESAFÍOS Y APRENDIZAJES REFLEXIONES SOBRE LA PANDEMIA

José Miguel González-Moro Rodríguez /Médico

Los primeros meses del año 2020 vieron cómo un virus, hasta entonces desconocido, se extendía rápidamente por todo el mundo, desencadenando una crisis social y sanitaria sin precedentes. Los primeros casos de COVID generaron confusión y preocupación. Lo que comenzó como un pequeño número de casos dispersos, pronto se convirtió en una proliferación alarmante, desafiando la capacidad de los sistemas de salud para responder de manera efectiva. El pánico y la incertidumbre se apoderaron del mundo cuando el virus se extendió implacablemente, desafiando fronteras y sistemas de salud. El estado de emergencia por la pandemia de COVID-19 fue declarado en España el 14 de marzo de 2020. Esta medida extraordinaria tuvo unas consecuencias nunca vistas, con restricciones significativas en la movilidad de la población y el cierre de actividades no esenciales, como parte de los esfuerzos para contener la propagación del virus. El mundo se detuvo cuando un enemigo invisible irrumpió en nuestras vidas, transformando nuestra realidad de formas inimaginables. En Yecla no fuimos ajenos a esta crisis global y vimos como cerró todo y las familias se refugiaron en sus hogares, abrumadas por el temor a lo desconocido. Los centros de salud y los hospitales se vieron desbordados por la afluencia de enfermos, muchos de los cuales requerían cuidados intensivos. El personal sanitario trabajó arriesgando sus propias vidas. Los informativos abrían con las escalofriantes cifras de fallecidos e infectados y la situación dramática en los hospitales. En los balcones y terrazas sonaba cada noche el “Resistiré” del Dúo Dinámico, como reflejo de un deseo colectivo de apoyo y lucha por vencer a ese asesino invisible al que solo veíamos en las PCR que tan tristemente “famosas” se hicieron. Hoy, en el 4º aniversario de aquel fatídico momento, es crucial reflexionar sobre el viaje que hemos emprendido desde entonces: los desafíos, las pérdidas, pero también los aprendizajes y la resiliencia que han surgido en medio de la adversidad.

En estos cuatro años aprendimos a tener miedo… Desde aquel fatídico día en que el virus irrumpió en nuestras vidas, desencadenó una cascada de temor, desafíos, pérdidas y valor. Recuerdo los primeros días: el virus se propagaba con una rapidez alarmante y la incertidumbre reinaba en los hospitales al enfrentarnos a este feroz enemigo. Cada día un desafío, turnos interminables, avalanchas de pacientes, miedo y… muertes. Recordamos a los que hemos perdido, honramos a los que han luchado y renovamos nuestro compromiso de seguir adelante, unidos en la esperanza de un mañana mejor sin olvidar el miedo pasado. Un recuerdo emocionado para nuestros mayores, sorprendidos y atemorizados en la soledad de sus casas y de las residencias.

En estos cuatro años aprendimos a ser más humanos…Charlo a menudo con Ilaf, MIR de 4º año de neumología en esos momentos en el hospital de Alcalá, y me hace ser consciente del impacto de esos meses en su vida personal y profesional. Se nos humedecen los ojos cuando la escucho, llena de ternura y humanidad, hablarme de “sus” enfermos, jóvenes y mayores, heridos de muerte por esas neumonías, y su compañía y cercanía en esos instantes de soledad y desasosiego, esas llamadas telefónicas desde su propio móvil cargadas de humanidad, en muchos casos de despedida de sus seres queridos, o para informar a las familias de tristes desenlaces, tantas noches sin dormir que se alargan en el tiempo, esa lucha encarnizada por revertir situaciones de una gravedad nunca vista,  tanta fortaleza salida de ya no sé dónde y ese aprendizaje acelerado de medicina y de vida que supusieron esos días para ella y para tantos profesionales sanitarios, muchos de ellos jóvenes que maduraron de pronto. Gratitud y admiración hacia los sanitarios, a los pacientes valientes que han luchado contra esta enfermedad y a las personas que se han sacrificado para proteger a los demás. Aprendimos solidaridad, gestos de generosidad y bondad, tractores fumigando las calles de Yecla, el ejército y las fuerzas de seguridad, mascarillas artesanales, tantas y tantas muestras de ayuda y solidaridad.

En estos cuatro años hemos aprendido… a no confiar en nuestros políticos. En el seno de tanta desgracia, siempre hay indeseables, aprovechados, que sacan rédito económico a estas situaciones. Qué voy a decir si nos despertamos cada día con noticias de estafas, corrupción, comisiones ilegales y sinvergonzonerías de unos políticos que no están a la altura de lo que se espera de ellos.

En estos cuatro años hemos aprendido… lo fundamental de la preparación y la respuesta ante emergencias, sobre la importancia de la ciencia y la colaboración internacional en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Pero, sobre todo, hemos aprendido sobre la fuerza del espíritu humano.  A medida que miramos hacia el futuro, sabemos que la batalla no ha terminado, pero también sabemos que juntos somos más fuertes. Continuamos luchando, curando, aliviando y construyendo un mundo mejor, uno en el que la salud y el bienestar de todos sean la prioridad. Este debe ser el principal desafío que tenemos que afrontar.

En estos cuatro años no hemos aprendido que… además de los virus, sigue vigente otro terror. Pensábamos que las guerras del siglo XXI eran luchas contra estos agentes invisibles, pero está visto que no aprendemos y seguimos asistiendo a la barbarie de cada día de esos conflictos armados (Ucrania, África, Palestina…), que no tienen piedad con la población civil, sangrante ver a niños palestinos indefensos que siguen sufriendo y muriendo cada día, mientras nosotros, en la distancia, damos una apariencia de normalidad a todo lo que sucede a nuestro alrededor, porque nos creemos a salvo y… porque, en nuestra ilusión, pensamos que hemos ganado…

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