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viernes, 19 abril, 2024
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UN MISTERIO SIN RESOLVER ENTRE VINOS Y TAPAS

Cuando empezó la Ruta del Vino y la Tapa creía que la intención era rescatar la costumbre que antaño existía en Yecla de chatear a diario

Desde que echó a andar la Ruta del Vino y la Tapa de Yecla hace ya once años, y a la vista del concurrido ambiente que suma en cada nueva edición, me llevo preguntando cuál será la razón por la que una vez que se pone el punto y final, con la también más que exitosa clausura en el parque de la Constitución, hoy mal llamado “parque de las palomas”, a los yeclanos se nos quitan de repente las ganas de seguir “ruteando y tapeando” de bar en bar entre vinos. Y ocurre lo mismo con los establecimientos participantes, parece como que dejaran a un lado su oferta de sabrosas tapas hasta la siguiente presentación de una nueva Ruta. Cuando hace más de una década comenzó esta suculenta idea de hosteleros y bodegueros estaba yo convencido de que uno de los principales motivos por los que nacía la Ruta era, además de darnos la oportunidad de ponernos al día en nuestros vinos y conocer hasta dónde llega la imaginación gastronómica de nuestros hosteleros, era sin duda intentar que volviera a arraigar en la sociedad yeclana como antaño la sana costumbre de chatear entre exquisitas tapas y pinchos. Pero no ha ocurrido así.

Es una verdadera lástima que bares y restaurantes vuelvan a quedarse a dos velas entre semana al desaparecer el excelente ambiente que reina durante estas tardes y noches que nos echamos a la calle a intentar degustar todas las tapas y todos los vinos. (Yo reconozco que, aunque en ocasiones he estado a punto, nunca he logrado culminar toda la Ruta, ¡y mira que le pongo interés!). También desde que comenzó la Ruta del Vino y la Tapa llevo comentando con amigos el buen sabor de boca que me quedó tras conocer algunas de las rutas de vinos y tapas más afamadas de España. Entre ellas, la Senda de los Elefantes en Logroño; El Tubo en Zaragoza; La calle Estafeta y adyacentes de Pamplona; la Cava Baja madrileña y alrededores de la Plaza Mayor, o la calle Navas en Granada. Y no lo digo como comparación sino como ejemplo pues sería absurdo comparar Yecla con esas grandes ciudadades con muchísima más población. Lo comento porque todos los yeclanos que hemos recorrido esas rutas en la mayoría de veces hemos acabado diciendo entre suspiros que “ojalá en nuestro pueblo tuviéramos esa misma pasión por salir de tapeo de lunes a domingo”.

Esa misma pasión en forma de arrebato que nos entra de golpe cada vez que llega una nueva Ruta del Vino y de la Tapa y que por las mismas se nos esfuma el mismo día en que la Ruta se despide hasta la siguiente edición. Cuesta creerlo pero así somos en este pueblo. Basta para comprobarlo seguir durante estos días los mismos pasos que tantísimos ‘ruteros’ emprenden en busca de todos los vinos y tapas que participan este año. ¿Será así porque, una vez acabada la Ruta, los bares y los restaurantes no insisten más en seguir fomentando los vinos y las tapas o será porque a los yeclanos no nos mueven de nuestra casa ni a empujones salvo en contadas ocasiones? Después de once años, yo por lo menos, continúo sin saberlo.

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