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jueves, 25 julio, 2024
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PANES BENDITOS O DESDE TURQUÍA CON AMOR

San Blas de Sebaste, el santo nacido en Turquía cuyo principal milagro menos mal que no fue curar la alopecia

Esto de haber sido tantos años yeclano ausente te espabila mucho el olfato a la hora de localizar con mayor exactitud dónde residen las claves de nuestra simpar idiosincrasia yeclana. Como dijo un amigo mío, cuanto más te alejas mejor aprecias la frondosidad del bosque porque si te arrimas más de la cuenta solo verás un árbol. (Mi amigo además de filósofo aficionado era guardia forestal). Creo que ya lo he comentado por aquí en alguna ocasión pero es ahora o nunca teniendo en cuenta que San Blas lo celebramos hace muy poco (y porque este artículo va sobre los panes benditos y perdonen el espóiler), y a buen seguro que en muchas casas todavía quedan suculentos pedazos. a mí cuanto más duro está el pan bendito más bueno me sabe empapado en café con leche o chocolate, en el caso de que usted no sufra la pena de tener que mantenerse alejado del azúcar para bien de su organismo, que es la manera fina de llamar al cuerpo serrano.

A nadie le amarga un dulce, salvo que seas diabético, que no es lo mismo que ser del Betis. (¿Por dónde iba? Mejor vuelvo al principio). Haber sido tantos años yeclano ausente te espabila mucho el olfato a la hora de localizar con mayor exactitud dónde residen las claves de nuestra simpar idiosincrasia. Y si hay una costumbre que nos identifica como pueblo soberano (Terry y Garvey), es la costumbre de enviar panes benditos debidamente empaquetados a medio mundo y a la mitad de otro, a familiares y amigos a los que les resulta imposible estar en Yecla por estas fechas y esperan con exagerada ansia recibir el sabroso manjar que lleva el nombre del patrón de los males de garganta. (Y siempre a portes pagados, no sea usted rácano). A primeros de febrero las agencias de portes, reportes y transportes, (hoy de logística en el siempre moderno lenguaje de la mercadotecnia).

Y es en este punto cuando siempre nos preguntamos porqué los panes benditos solo podemos adquirirlos cuando vemos las cigüeñas por San Blas. Sé de muchos yeclanos ausentes y visitantes foráneos que se han quedado descompuestos y a dos velas ante la imposibilidad de poder llevarse durante el resto del año panes benditos de regreso a sus lugares de residencia al igual que cargan en sus coches y maletas ‘libricos’, empanadas, tortas de gazpachos o pelotas en crudo para cocinarlas entre más lágrimas que si fueran cebollas, a muchos kilómetros de Yecla. Panes embajadores de nuestra gastronomía más típica y tradicional.

Panes benditos de San Blas de Sebaste, el santo nacido en Turquía y que obraba el milagro de hacer sanar las gargantas. ¡¡Y menos mal!! Porque si a San Blas le da por imponer sus santas y milagrosas manos sobre la cabeza de sus feligreses calvos, para que les creciera el flequillo y la pelambrera, el santo hubiera arruinado al turismo que en masa recibe su país atraído por afamadas clínicas turcas de trasplante de pelo por injerto capilar. Y por consiguiente los panes benditos de San Blas hoy serían recibidos con los brazos abiertos en todos los lugares del mundo menos en Turquía. Lógico.

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