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domingo, 14 julio, 2024
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MI CARTA A LOS REYES MAGOS

Todos tenemos que marcharnos antes o después con ellos pero por el momento que no tengan ninguna prisa en llevarnos

Este año no voy a saber si los Reyes Magos me trajeron lo que les pedí hasta que no vaya pasando el tiempo. No les encargué nada que pudieran entregarme en un paquete para desembalar en la noche del 5 de enero y enterarme si estaba lleno de carbón otro año más porque bueno del todo no consigo ser ningún año. ‘Semos’ humanos. A estas alturas, después de haber transcurrido ya una semana desde que los tres monarcas constitucionalistas nos saludaron desde la balconada consistorial antes de iniciar la Real Cabalgata, sigo sin saber si atendieron o no las peticiones que les escribí por carta a Melchor, Gaspar y Baltasar. (La imbecilidad más grande de la Navidad la escuché a una presentadora de TV que se nombró a los Reyes de atrás adelante, Baltasar, Melchor y Gaspar, para no dejar al Rey negro el último).

Y es que yo sigo creyendo que los Reyes son magos de verdad. Malo será el día en que me dé por pensar lo contrario. Y a estas alturas seguir creyendo los Reyes Magos tiene mucho mérito porque ya se nos quedó el nido vacío y pasaron a la historia los madrugones para esperar a los emisarios a las puertas del Teatro y los plantones interminables hasta que por fin escuchábamos el nombre de nuestros hijos para desriñonarnos subiéndolos a los caballos. (Punto y aparte, y aparte usted y déjeme pasar que vamos a lo que vamos). Precisamente por haberme quedado exento de la obligación de socorrer a los emisarios, desde hace años tengo ahora más tiempo de sobra para escribir mi carta sin prisas. Les he pedido a los Reyes Magos que no me traigan nada, pero que tampoco se lleven lo que ya tenemos a buen recaudo y que nos echen una mano para que lo que hemos hasta ahora conseguido a medias se complete de una vez este año. Que no me traigan nada pero que tampoco me quiten las ganas de seguir tirando ‘palante’ a pesar de que los nubarrones no terminan de desaparecer en el horizonte.

Y que nos dejen las pocas esperanzas que aún nos quedan de que podemos entendernos sin necesidad de liarnos a tortazos y a cañonazos entre nosotros. Si acaso, y sería un gran detalle por su parte, que se lleven con ellos bien lejos a los que están entorpeciendo nuestra convivencia; esa patulea de ineptos, indocumentados, infames e insignificantes que tanto nos está costando quitarnos de encima. (Seguro que cuando eran niños les robaban el bocadillo en el recreo y por eso han almacenado tanta inquina). Y de paso he añadido que continúen manteniendo a mi lado a las personas con dos dedos de frente de las que tanto aprendo a diario. También les he pasado una larga lista de nombres de personas a las que quiero mucho rogándoles que no las aparten de mi lado. Que nos envíen todas las cigüeñas que quieran cuando a Sus Majestades les venga bien pero que, aunque solo sea por una vez, no se lleven a más gente a la que tanto queremos. Todos tenemos que marcharnos con ellos antes o después pero les he pedido a estos tres Reyes tan Magos y tan Majos que por el momento no tengan prisa.

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