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domingo, 25 febrero, 2024
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YECLANOS Y JUMILLANOS Y VICEVERSA

El pasado domingo asistí en Jumilla a la entrega de los Premios Siete Días. Nada más llegar me saludaron como de costumbre: “Hemos avisado al puesto fronterizo para que te dejaran pasar sin problemas… aunque seas de Yecla”. Risas y más risas. Al día del hoy sigo sin saber el porqué de esa obstinación tan extendida sobre que yeclanos y jumillanos nos llevamos poco menos que como el perro y el gato. La versión más extendida que conozco es que la supuesta rivalidad tiene su origen en los lejanos tiempos en que Yecla y Jumilla eran dos pueblos eminentemente agrícolas y los criterios sobre quién producía mejores vinos encrispó el ambiente. Entre broma y broma la verdad asoma pero en este caso, salvo que algún yeclano o jumillano me demuestre lo contrario, no veo ninguna verdad, de esas verdades tan verdaderas, que tenga que asomar por ninguna parte.

Si usted conoce alguna razón para que exista esta tradicional y supuesta tirria le agradecería que me la dijera. Los chistes que en Yecla contamos sobre los jumillanos son los mismos que en Jumilla cuentan sobre los yeclanos pero al revés. Y la mayoría de chistes y chuflas que escuchas en Jumilla sobre nosotros y a nosotros sobre los jumillanos son copiados de los chistes de Lepe y los leperos. Parece ser que este mismo caso es muy común en muchísimos otros pueblos vecinos de los que desde siempre se dice que entre ellos también surge sus piques y tiras y afloja. A nosotros nos ha tocado la china con los jumillanos, y a los jumillanos con los yeclanos por estar tan juntos, pero ni mucho revueltos. Aunque si hablamos de estar juntos pero no revueltos admitamos que es una pena viva que ambas localidades no pongamos más de nuestra parte para conocernos más a fondo siendo como somos vecinos de toda la vida y aunque solo sea porque no paramos de emparentarnos. Son incesantes los matrimonios y “arrejuntamientos” por el altar, por lo civil o por lo forestal, y parejas de hecho y demás tipos de amancebamientos en amor y compaña, que se continuán formalizando entre yeclanos y jumillanos de todos los sexos, credos y condición.

Estoy convencido de que esta “picaílla” entre yeclanos y jumillanos, y viceversa, surgió en su día con la única intención de echarnos unas risas. Y conforme están los tiempos con el humor tan políticamente correcto viene muy bien un tema como este porque a todos nos provoca un buen puñado de sonrisas y carcajadas sin pasarnos tres pueblos, o en este caso dos pueblos. Y quien se moleste tiene un problema muy gordo siempre que las bromas y la guasa yeclana y jumillana sean dentro de un orden. Porque de sobra sabemos todos que siempre hay alguno por ahí que en cuanto abre la boca con este o con el asunto que sea saca los pies del tiesto. Resumiendo: no hay ninguna razón, ninguna, por la que los vecinos de Jumilla tengan que mirar mal a los vecinos de la capital del Altiplano. Dicho sea con sorna y para que se note que el que estas líneas suscribe y “sus escribe” es yeclano de pura cepa.

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