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PROHIBIDO OPINAR DE NADA

«Vamos también a prohibir todas las procesiones para no ofender a quienes no comulgan, nunca mejor dicho, con ninguna religión»

Vamos camino de que se nos conozca como la sociedad del mírame y no me toques. La feroz dictadura de lo políticamente correcto se nos ha metido hasta en la sopa y nos está amargando la existencia. Explican los licenciados en comportamientos sociales que en las dictaduras le ponemos cara al dictador pero la dictadura de la corrección política es más perversa pues consiste en la autocensura que nos imponemos a nosotros mismos por temor a que nos señalen como a bichos desalmados e inhumanos. Nosotros nos convertimos en dictadores de nosotros mismos.

Vivimos en una sociedad que después tras muchos siglos ha aprendido a respetar a todo el mundo, como siempre tuvo que haber sido. Pero aún así los implacables dictadores anónimos se empeñan en seguir viéndonos como una sociedad aún imperfecta. No sabemos quién o quiénes son los que implantan a marchamartillo las normas que, sí o sí, deben guiar el pensamiento y actitudes para ser socialmente aceptados… Aceptados no sabemos exactamente tampoco por quién o por quiénes.

Va a llegar un momento en que no podamos opinar absolutamente de nada por miedo a que nos cuelguen del patíbulo de este nuevo absolutismo moral que como un virus letal trata de invadir nuestras vidas hasta la náusea. (Pongamos aquí un punto y aparte, y que nadie se enfade por ello). La última polémica, y la traigo a colación porque no hay santo sin novenario, en este caso San José, la hemos padecido con la discusión sobre el día del padre. No tenemos asuntos infinitamente más importantes para debatir.

O a lo mejor es que se airean estas idioteces absurdas y estériles precisamente para distraernos y no hablar de asuntos infinitamente más importantes sobre los que tendríamos que estar debatiendo. Por el mismo razonamiento que tendríamos que anular el día del padre tampoco deberíamos tomar café para no herir la sensibilidad de las personas que no toleran la cafeína. Y habría que anular todo el deporte por respeto a las personas discapacitadas o con problemas de movilidad.

Para no incomodar a las personas ciegas deberíamos vivir con una venda en los ojos y prohibir el cine y el teatro. Y para no deprimir a los solteros prohibamos las bodas. Y ya que estamos en las fechas en las que estamos, vamos a anular todas las procesiones para no ofender a quienes no comulgamos, nunca mejor dicho, con ninguna religión.

Celebrar el día del padre no está reñido con celebrar también otro día de las familias y otro de las personas especiales y todos los días que creamos convenientes. Pero prohibido prohibir.

Si a usted le parece una monumental chorrada la celebración del día de padre sencillamente no lo celebre y todos tan amigos. Pero no me diga a mí que soy un desalmado ni mucho menos se crea superior porque no lo es sino que pensando así es usted todo lo contrario. Nos hemos olvidado de aquello de todos diferentes, todos iguales, que es lo más sano y gratificante que le puede definir a nuestra sociedad.

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