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PERRO COME NIÑO

Llegará un día en que acudamos al médico con nuestros chuchos, gatos, hamnsters, periquitos, agapurnis y pececitos…

Leo en La Verdad: “La sangría demográfica: España tiene más hogares con perros que con niños. En España viven más de seis millones de niños menores de 14 años mientras que el número de canes supera los siete millones. En las últimas décadas los chuchos pasaron de ser animales con una función determinada a ser compañeros de vida, miembros de la familia y parte de la cuenta bancaria”. Poco más que añadir salvo que a esta tremenda revelación informativa habría que añadirle los miles o millones de mascotas no perrunas que también conviven con familias españolas. Haciendo una regla de tres obtendríamos que, si partimos de que en España somos un poco menos de 48 millones de habitantes y en Yecla un poco más de 34.000, el resultado es que en Yecla, comparada con las cifras nacionales, tendríamos unos 4.000 menores de 14 años y unos 5.000 perros. Mucho me parece pero es lo que tiene la cuenta de la vieja. (Sirvan de prueba las cagarrutas con las que de vez en cuando seguimos tropezando por las aceras a pesar de las normativas y saciones dictadas).

Desconozco si en Yecla nuestro Ayuntamiento tiene al día estos cálculos comparativos entre la natalidad perruna y los natalicios de especie humana. Un día que me acuerde iré a preguntarlo a la oficina del censo aprovechando que ahora estará más que actualizado de cara a las próximas elecciones. En fin, Serafín, y como decía mi abuela, en el pecado llevamos la penitencia, y no quiero yo decir que traer al mundo mascotas en lugar de hijos sea un pecado. Me refiero a que si la tendencia no cambia muy pronto tendremos que poner a trabajar a nuestras mascotas, con contrato indefinido y alta en la Seguridad Social, para que las generaciones venideras puedan tener una mínima esperanza de llegar a cobrar la jubilación. Lo que le faltaba a nuestro aquejado sistema sanitario sería que asistiéramos a los centros de salud y hospitales también con nuestros chuchos, gatos, hamnsters, periquitos, agapurnis, patitos, pececitos de colores, tortuguitas y demás criaturas del señor.

Sin olvidar a los estrafalarios dueños de serpientes, lagartos, tarántulas, cerditos negros o de color y chatos murcianos que conviven en tantísimos hogares como uno más de la familia. No sería de extrañar tampoco que para aligerar las listas de espera algún día terminen por atendernos los veterinarios a los humanos. Iba a decir que Walt Disney ha hecho mucho daño pero me callo porque creo que ya lo tenemos todos más que asumido. Además no seré yo quien le diga a nadie lo que debe hacer en su casa. Pero con esta hiperprotección tan animal llegará por lógica el momento en que tengan que construirse residencias para perros y mascotas exóticas ancianas y tiendas de ortopedia especializas en fauna hogareña y salvaje para cuando envejezcan y les empiecen a flaquear las fuerzas. Y hasta pondremos ofertas de empleo en los periódicos buscando personas con experiencia en el cuidado de mascotas mayores. No quiero ni pensarlo. Los pelos como escarpias.

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