Desarrollo y progreso

El concepto de progreso es algo innato en el ser humano y no se da en otros entes vivos de este mundo, al menos a la velocidad que la evolución ha actuado con nosotros y este avance que se aceleró sobremanera con la revolución industrial del siglo XIX. En Yecla, sin embargo, ese proceso se retrasó bastantes décadas.

El libro del escritor francés Jean Sermet “La España del Sur”, que allá por los años de posguerra visitó nuestro pueblo, y leyendo lo que escribió vemos que no es nada halagüeño lo que vio al constatar que por estos lares únicamente eran la mies, el olivo y muy poco de viña los únicos medios económicos que se desarrollaban, advirtiendo una economía de subsistencia como el medio por excelencia durante aquellos años en la vida local yeclana. Hasta que increíblemente todo cambió resurgiendo de manera acelerada una industria, aún con materias primas que no se daban por estos entornos, y que con el tiempo se considerará histórico ese resurgimiento industrial que cambió nuestra ciudad de la noche a la mañana, de pueblo arcaico y atrasado, a un enclave industrial de primer nivel.

La situación de estancamiento social y económico que Yecla vivió, exceptuando la época de la filoxera de la vid que primero sufrió Francia, y que supuso la expansión de Yecla ante los pingues beneficios obtenidos con la venta del vino que se producía en más de 700 bodegas familiares, pero al no crearse estructuras económicas capaces de comercializar el producto que se generaba, a los pocos años se volvió a la persistente economía de subsistencia, como así lo demuestra el libro publicado en 1.902 por Rogelio Azorín sobre “cultivos alternativos”, propios a nuestra tierra y clima, tras la decadencia de la producción vitivinícola reducida al consumo propio, situación prolongada hasta la revolución mueblística de los años 60.

Han sido varias ocasiones perdidas las que habrían supuesto abrir las puertas al desarrollo en Yecla, como fue aquella oportunidad cuando el tendido del tren de vía ancha a mediados del siglo XIX, establecido inicialmente su trazado por nuestro termino municipal. Pero se pospuso el proyecto alegando los males que con el tren vendrían a nuestro pueblo, y la realidad fue que los agricultores de aquel entonces se negaron a adquirir acciones de la empresa constructora, cosa que sí hizo Almansa y el tendido transcurrió por esa población aun teniendo que dar un rodeo como podemos ver en el actual trazado.

Otro frenazo al progreso lo intentó dar la intelectualidad local ya en el primer tercio del siglo XX, aunque en esta ocasión no llegó a buen término, animando los doctos y eruditos de aquel entonces la inexplicable decisión de todo el vecindario, cuando el alcalde José del Portillo y del Portillo, que lo fue de 1925 a 1930, se propuso construir el alcantarillado, adelantándose así en muchos años a una realidad tan necesaria e imprescindible en la inminente vida de cualquier ciudad por muy pequeña que fuese. Pero la oposición no fue solamente de la gente de a pie, sino que la intelectualidad local se enfrentó al proyecto de una manera jocosa y contundente, como demuestra el cantarcillo repetido en la prensa local de aquellos años y que decía:

El Rojo Corbalán (1)
y el Señorito Puntales
el día tres de febrero
enterraron al alcalde.

La ocurrencia consistió en hacer un entierro ficticio con toda la simbología correspondiente de aquella época, incluyendo la caja mortuoria y el séquito de dolientes ataviados con levita y sombrero de copa, sin faltar las hileras de ancianos alumbrando como se hacia en los entierros de primera clase, y tras procesionar por los distintos barrios del pueblo, el espectáculo acabó tras arrojar la caja mortuoria en la zanja abierta precisamente delante de la hoy Casa de Cultura, vivienda del entonces regidor.

Extravagante oposición a tan elogiable obra al reclamar por no poder transitar las personas y caballerías debido a las zanjas abiertas por numerosas calles. Pero Yecla tuvo alcantarillado mucho antes que otras grandes ciudades, no solo españolas sino europeas. Lo que quiere decir que el progreso siempre encontró y sigue encontrando una barrera que impide su desarrollo. “El futuro es algo que no hay que predecir, sino algo que hay que conquistar” dice DonTapscot.

(1) Lo de Rojo, es porque el Sr. Martínez-Corbalán tenía el pelo pajizo.

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