Estado de ignominia

Cristina Martínez Martín

No estamos en estado de sitio, pero sí de ignominia. Tantos siglos de historia conjunta para que ahora vengan unos iluminados a decirnos que España ha dejado de existir troceada en república del País Vasco con anexión de Navarra; república catalana con anexión de las Baleares y del País Valenciano; Ceuta y Melilla para Marruecos, entregadas como calderilla sin que pese a eso dejen de venir pateras como caballos de Troya; las  Canarias regaladas a Marruecos o, si no, independientes.

En Galicia el movimiento independentista anexionaría Asturias y Cantabria, ya puestos. Y Andalucía donde el virus independentista ha contagiado a menos gente, por no quedarse atrás, pues ¡ale!, independiente, por una Andalucía libre.  Extremadura apuntaría maneras y cedería al impulso de unirse a Portugal. Por lo que dejarían a Madrid con las dos Castillas y a Murcia dividido entre Murcia y el cantón independiente de Cartagena…

Un desastre mayúsculo de la mano de unos políticos sin escrúpulos que engañan con su canto de sirenas a una población manipulada. Lo que preconizan es transformar a España en un reino de taifas como el que existió antes de los Reyes Católicos, y echarnos a pelear a unos con otros por un mírame y no me toques.

Con este panorama, el mejor país del mundo pasaría a perder todo su peso en Europa y en el mundo, como le sucede en la actualidad a la antigua Yugoeslavia.

Yugoeslavia, el país más potente detrás del telón de acero y donde se gozaba de mayor libertad sin dejar de ser comunista, era también el más próspero…

 

¿Y qué es ahora? Pues, ahora es: Eslovenia, Serbia, Montenegro, Macedonia, Kosovo, Bosnia y Croacia. Lo único que nos suena es Croacia por el turismo, y quienes la han visitado nos cuentan que allá no atan los perros con longanizas.

¿Qué queremos? ¿Hacer como ellos? No olvidemos lo sucedido en Yugoeslavia.  Fue una escabechina.  Se perdieron muchas vidas y el país quedó arrasado social y económicamente.

¿A quién beneficiaría en el presente la disgregación del reino de España sino a la camarilla montada por esos políticos que prefieren ser cabeza de ratón a cola de león?

Tirar por la borda un país como el nuestro, el mejor del mundo en muchos aspectos, para dar gusto a la ambición de unos pocos políticos, debería estar penado con la perpetua. Es un hecho irrefutable. Sólo unidos somos fuertes.

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