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Motivos para soñar

Es difícil pedir esfuerzos a quien no tiene nada con la situación de desánimo y desesperanza por el desempleo que vivimos. Pero al menos hay que impedir que se contagie ese abatimiento a la situación del Yeclano. (Por: José Ramón Martínez)

La vida de las entidades deportivas que comparecen en competiciones en nivel profesional no siempre es fácil. Sin ir más lejos, el Yeclano Deportivo sufrió un golpe brusco tras la derrota del pasado domingo ante el Llagostera. Inesperada e inoportuna. Y que ha sumido a plantilla, cuerpo técnico, junta directiva y afición en un desánimo excesivo, que lleva camino de ser crónico.

Los datos no son para ser optimistas, evidentemente. Cinco derrotas consecutivas, 15 en 22 partidos, el que más encuentros ha perdido de Segunda B. El menos goleador, el máximo goleado. Solo tres victorias, el que menos puntúa fuera. 13 de 66 puntos posibles.
Y podríamos seguir enumerando datos negativos, para continuar con un ejercicio de autolapidación. Pero lo cierto es que tan real como esas cifras lo son otras. Por ejemplo, quedan nada menos que 54 puntos en juego. Y el Yeclano tiene la promoción de descenso a ocho y la salvación a 11. Es difícil, pero no imposible.
Y el fútbol y el deporte es mucho más que cifras y números. También son sensaciones. Y el conjunto azulgrana no ha sido vapuleado por nadie. Ha luchado y mantenido la compustura en casi todos los partidos. Y ha competido.
Han sido los detalles, los errores en momentos clave y la falta de confianza las que están condenando a los de nuestra ciudad a esta incómoda y desapacible situación.
Tampoco hay que olvidar que el Yeclano ha sido capaz de desarticular, desorientar y superar al Levante B en su feudo, por ejemplo. Y que ha obligado a muchos equipos a trabajar muy duro.
Y tampoco hay que olvidarse de que gran parte de estos futbolistas consiguieron una temporada sobresaliente en Tercera, con un ascenso meritorio y justo. Con unas eliminatorias nada fáciles. Y siguen sabiendo jugar, siguen teniendo talento, no se les ha olvidado.
Evidentemente la exigencia en Tercera nada tiene que ver con la de Segunda B. Y también es cierto que se esperaba más de los refuerzos que llegaron en verano. Pero esa brecha que algunas maliciosas voces quieren hacer ver no se ha visto plasmada en el campo de forma tan contundente como parece. Porque el Yeclano si hubiera tenido acierto y puntería en momentos clave ocuparía otro puesto.
Pero los puntos que no se han conseguido no se van a recuperar. Y vivir en la lamentación constante es un error muy grave. Resulta mucho más efectivo pensar en que hay mimbres, en que hay posibilidades reales. Y en fútbol todo es posible, hasta lo más irreal.
La perspectiva del tiempo nos mostrará con más luz que ahora el esfuerzo sobresaliente, que roza lo milagroso, de algunas personas que hacen lo imposible para que un equipo, que sobrevive en una ciudad con un tejido empresarial dañado de forma sanguinaria y en un proceso de destrucción continuo, consiga mantener un club en el mundo profesional del fútbol.
Es necesario reconocer ese esfuerzo y la encomiable labor de muchos futbolistas de Yecla, que llevan el nombre de nuestra ciudad con el mayor grado de dignidad, casi de forma desinteresada. Y completan una plantilla con un comportamiento modélico.
Un club con filosofía, con principios. Con eso que en la sociedad actual es tan extraño. Un logro del que todos tenemos que estar plenamente orgullosos.
Es difícil pedir esfuerzos a quien no tiene nada con la situación de desánimo y desesperanza por el desempleo que vivimos. Pero al menos hay que impedir que se contagie ese abatimiento a la situación del Yeclano.
Aficionados, jugadores y directivos tienen que seguir creyendo en este club, confiando en que todavía se puede continuar en la élite, y que solo se hará con el ánimo y el aliento de todos. Hay que recuperar la confianza en unas personas que nos han hecho disfrutar hace muy poco y que han sido capaces de levantarse de momentos dramáticos.
Seguimos teniendo motivos para creer, para ilusionarnos, para confiar en que cuanto mayor es el reto, mayor será también la satisfacción al alcanzarlo. Ante el Constancia seguirá una lucha que debe conducir a la victoria.
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