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Algunas palabras para Julia

Por Martí Martín Hernández

Julia Figueira abandona un prometedor porvenir universitario para acompañar a José Luis Castillo-Puche en un futuro por entonces incierto y azaroso. Pasa de ayudante de cátedra de don Dámaso Alonso a esposa, apoyo, equilibrio y todo lo que una mujer inteligente y firme puede aportar a la vida de un escritor inquieto, inconformista y apasionado. Están más de cincuenta años juntos, ven crecer a sus hijos –el padre, menos-, viajan, viven en Nueva Cork y dan a la imprenta los libros que aparecerán con la firma de nuestro escritor. Porque José Luis escribe, pero la revisión, corrección, enmienda o –si fuera preciso- tachadura de los textos es de Julia. Y estoy seguro de que su criterio sería decisivo.
Ella es la primera lectora de la obra virgen de Castillo-Puche, una obra que saldría a borbotones de un manantial muy profundo, como un caballo salvaje, y que Julia encauza y conduce a buen puerto. Por eso creo que en la cubierta de los libros de Castillo-Puche, además del nombre del autor, debería figurar, en un cuerpo de letra menor, esta leyenda: "La presente obra ha sido revisada y sometida por Julia Figueira, esposa del autor".
José Luis y Julia compartían afanes en la vida y en la literatura, y quizá por estos poderosos vínculos la cercanía entre ambos era tan sólida. Una sola mirada, un solo gesto eran suficientes. Aunque, a veces, el gesto tenga que ser insistente, como cuando Castillo-Puche hablaba en su instituto y Julia le indicaba, con una mirada heladora y un ademán terminante, que debía acabar.
Este y otros muchos recuerdos me hacen tener presente a Julia Figueira y, con ella del brazo, a José Luis Castillo-Puche caminando por las calles de su pueblo –de él y de ella-, en invierno, tiene que ser en invierno y con mucho frío; como cuesta poco, también sopla un viento respetable y vamos a La Zaranda de hace treinta años; allí nos reconfortarán con licores espirituales y el matrimonio recibirá saludos y parabienes
Pero para completar un recuerdo que aún no ha sido del todo, y sabiendo que en la obra de Castillo-Puche el mar era liberación, esperanza y paz vamos a recordar a Julia y José Luis ante el mar, porque ahora estarán los dos en la más alta mar.

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