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sábado, 11 abril, 2026
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Los jubilados y la televisión

Juan Muñoz Gil

Antes de generalizarse el uso de la televisión, en la mayoría de los hogares españoles no existían los jubilados propiamente dichos con su paga fija mensual y disponiendo de un tiempo ocioso y dicharachero, a excepción de los empleados en la función pública. O sea que la televisión va pareja a ese logro de progreso como ha sido la posibilidad de vivir los últimos años plácida y serenamente, paseando, jugando una partida, contando sueños,  realidades vividas y así hasta el final definitivo, que según las estadísticas se va prolongando tras cada generación .

Antaño resultaba bastante difícil resistir cuando el viejo no claudicaba en su momento y debía permanecer al albor de la familia, pudiendo solamente contar las horas en blanco al rescoldo de la lumbre en la cocina o al fresco durante los días del verano. Sin embargo, de un tiempo a esta parte el cambio ha sido radical, pero solamente en beneficio de  las dos o tres últimas generaciones actuales que han podido recrearse en ese relax placentero complementado con la contemplación de las muchas cadenas televisivas durante 24 horas diarias de programación sin preocupar lo más mínimo esas necesidades perentorias tan significativas en el pasado. Pero  resulta que todo cambia y cansa si no hay renovación atractiva que interese, y todavía más cuando se van cumpliendo años. viendo repetitivamente las mismas películas ya sean del Oeste, de la época del destape, las repetitivas noticias en los partes informativos, las cansinas series noveladas y la carencia de imaginación creativa cuando parece que todo ya está hecho y nada más puede atraer la atención de la ya hoy enorme progenie, como es el ejercito de jubilados, parados de larga duración y fijos discontinuos, a pesar de los intentos de las cadenas públicas  La 1 y La 2, aun sumando cientos de millones de perdidas en su empeño de superar la audiencia.

Y visto lo visto,  los programas televisivos en su mayoría acaban aburriendo más que entreteniendo, donde la rutina de emisiones sin el mas mínimo interés apremia a apagar el televisor y buscarse la vida todos estos desocupados en ámbitos a veces nocivos para naturalezas ya bastantes castigadas. Sin embargo, en los últimos tiempos esta laxitud que la TV proporciona ha cambiado como de la noche al día al emitirse programas de mañana y tarde con tertulias y noticias de un máximo interés por el intríngulis de acontecimientos que se exhiben, ya sean políticos quitándose el pellejo,  gobierno y oposición piropeándose con estralicas y corbillones, aireándose intimidades de famosos, contando putiferios de los lideres de turno o sacando a la luz trapicheos económicos de notorios empoderados, sin cesar en todo momento de exigir un severo control de vida y hacienda, sin que falte divulgar documentos reservados por ley para que la Ley se reserve actuar y condenar tantos desmanes, ya que en el pasado quedaba todo ello en aguas de borrajas para, según se decía, no dar pie a grupos revolucionarios y ante sistemas destructores del bien común tan debidamente instituido tras mucho sacrificio y sufrimiento…

En fin, tal es el  guirigay de primicias ofrecidas que permiten mantener anquilosados en el sillón ante la Tele a estas personas que antes se aburrían como ostras cansinas por las repetitivas proyecciones un día tras otro, siendo la expectativa actual, como está resultando ser el berenjenal político y colateral que en casi todos los medios se está emitiendo despertando la fascinación y el hechizo en esas personas que  habían quedado abocadas a la desgana y apatía de vivir. ¡Vamos, que para los viejos entre los que me cuento, semejante expectativa está resultando ser vivificante! Estos días, con la Semana Santa yeclana, tendremos un impasse en el revelador desbarajuste televisivo diario, al retrasmitirse procesiones y actos tradicionales locales que seducen por su vistosa espectacularidad, y no menos el morboso regusto de ver y enjuiciar a conocidos y amigos cuando las cámaras en sus barridos recogen.

Tristemente, ante esta situación tan propia a la reflejada por el satírico Torrente, resulta que una persona juiciosa, capaz, inteligente y con un futuro económico garantizado, será difícil se atreva desde ahora en adelante a inmiscuirse en tal jaula de grillos, por lo que el recato y la cautela impedirán aventurarse a gente válida en proyectos políticos aun auspiciados para un bien común, solidarios y progresistas, situación ésta que nos retrae a la canción del poeta Rodrigo Caro ante las ruinas de Itálica, versus Hispania,  que dice: “Estos Fabio ¡ay dolor! ¿qué ves ahora?, campos de soledad, mustio collado, que en otro tiempo fueron la Hispánica famosa…”. Pero las perspectivas de que la carpetovetónica gresca siga, por ahora parece estar garantizada.

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