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domingo, 1 marzo, 2026
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El desaparecido trabajo de la trilla (III)

José Puche Forte

Continuando con la segunda parte de este trabajo de la trilla que fue publicado en este semanario el día 27 de noviembre del pasado año seguiremos diciendo que uno de los elementos más antiguos que se empezó a emplear era el ‘catre’ o carro, imprescindible para realizar esta faena. En él se enganchaban las mulas y las trillas. Era este un objeto que se componía por el eje de un carro con sus dos ruedas y encima del eje se acoplaba un asiento por medio de unos palos y un cesto vacío de esparto de los empleados para meter la paja sujeto al eje por medio de unas cuerdas. En él se sentaba el que lo conducía.
En el ‘catre’ se enganchaban a veces hasta cuatro o cinco trillas y para tirar de él se podían enganchar hasta tres mulas y un burro. Cuando se enganchaban en este varias mulas siempre se hacía poniéndolas de forma “amadrinada” (una al lado de la otra), para el enganche se acoplaba en la parte anterior del catre un palo o cabezal, este a la vez que servía para enganche de los animales también se acoplaba en él un trillo central que iba situado entre las dos ruedas de este artilugio.

También se podían poner en la parte trasera otro cabezal en el que se enganchaban dos o más trillas. Cuando en el catre se enganchaban cinco trillas, dos de ellas iban situadas a los lados exteriores de las ruedas. Pero en esta época a la que nos estamos refiriendo la mayoría de los agricultores sólo disponían de una mula. Es por ello que lo más corriente era el trillar con una sola mula y un trillo.

Sobre los años cincuenta del pasado siglo se trajeron a Yecla las primeras máquinas de trillar, más conocidas por los agricultores como “el carro del trillar” los cuales fueron desplazando los antiguos catres. Estos consistían en una plataforma de madera que llevaba situados en su interior varios rodillos con cuchillas o estrías de hierro, muy útiles para seccionar las pajas y desgranar espigas. Había de estos dos modelos, el más antiguo llevaba los rodillos de forma fija y por lo tanto no podían regular la entrada de la mies, razón por la que a veces se enrollaban los tallos, sobre todo en las primeras “vueltas”. Para poderlo desembozar era necesario volcar la máquina y como consecuencia atrasaba bastante el trillado de la “parva”. Con el fin de evitar esto había que dar la primera “vuelta” con poco peso. Para remediar esta dificultad se ponía en la máquina a un chiquillo o al hombre de menor peso. Años después se empleó otro modelo de máquina o “carro” más efectivo que el anterior y por supuesto con mejores resultados. Disponía de una palanca lateral con la que se podía graduar a voluntad la cortada de la mies por los rodillos. Todas estas máquinas tenían acoplado un pequeño asiento con respaldo que las hacía más cómodas que el catre. La mula iba enganchada en su parte delantera y en la parte trasera llevaba unas argollas o ganchos para poder agregarle las trillas.

Una vez la parva había sido tendida en la era y antes de enganchar las mulas, era el momento requerido para hacer el almuerzo (desayuno). Las mujeres, muy de mañana, o bien algunos chiquillos llevaban el almuerzo a los trabajadores que hacían la trilla. Algunas mujeres acudían acompañadas de los niños aprovechando que por estos meses tenían las vacaciones escolares y era una gran alegría para ellos el poder subir a los trillos, habiendo veces que un mismo trillo era ocupado por dos niños. El almuerzo de la era consistía, en la mayoría de los casos de alimentos fritos, ya fuera carne, queso, etc… Muchas mujeres aprovechaban este momento para almorzar junto a los maridos. Eran estos almuerzos motivos alegres y sanas tertulias en los que se podía disfrutar de aire fresco de la mañana en estos días de agobiante calor.

 

Una vez conocidos todos los elementos citados anteriormente y que formaban la esencia de esta segunda fase que eran “las vueltas”, en que las trillas que eran tiradas por las mulas que iban enganchadas en el ‘catre’ o en el carro mecánico, iban seccionando las pajas y sacando el grano de las espigas. En la trilla de algunas especies de trigo y también de los garbanzos, la primera “vuelta” se daba siempre con el ‘rundo’ (rodillo). En la cebada y la avena se hacía con las trillas.

Estas vueltas se componían de varios periodos de tiempo que iban decreciendo a medida que la mies iba soltando el grano y estaba más trillada. La primera de estas duraba más de una hora y en ella, como hemos podido apreciar, intervenían mieses diferentes, ya fuera trigo, cebada o avena que era el producto de la “tendía”. Durante el tiempo empleado en la vuelta, el conductor del catre o del carro procuraba que las trillas pasasen por igual por encima de toda la parva o tendida sin que quedasen espacios sin trillar.
Cuando estaba finalizada la primera vuelta había que volver la parva, trabajo este que era realizado por tres o cuatro hombres con la ayuda de las horcas. Iban estos situados uno al lado del otro formando fila en diagonal y marcando o formando con sus horcas a modo de unos surcos, volviendo los tallos de la mies en toda la superficie de la era a fin de que esta quedara lo más trillada posible.

Terminada la primera vuelta, el catre o carro cambiaba de conductor. Los demás se iban a descansar o hacían un rato de tertulia a la sombra de la casa o en el interior de esta, hasta el momento de volver la parva de nuevo. El erero era el encargado de avisarles cuando llegaba este momento.

En la segunda vuelta, o bien al volver la parva en la primera, se enganchaba una trilla al carro o máquina de trillar y encima de esta se ponían una o dos piedras, o bien subía algún chiquillo en ella. Con este se conseguía que al tener la trilla más peso, cortase más. La segunda vuelta duraba algo más de media hora y también, cuando estaba finalizando, se volvía a repetir la operación de volver la parva con la ayuda de las horcas. Próximamente volveremos con este interesante tema de la trilla.

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