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domingo, 22 febrero, 2026
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Entre máscaras, disfraces y coreografías

El Carnaval de Yecla sigue vivo gracias al entusiasmo de las peñas, con otro aspecto pero, precisamente por eso, totalmente rejuvenecido

Hay un momento en la vida en el que uno se da cuenta de que se ha hecho mayor, que no es otra cosa que tener más edad que los adultos y menos años que la tercera edad. No hace falta que te descubras una cana, una arruga, o que empieces a rellenar el pastillero o visitar al médico más a menudo, ni que te dé ahora mucha pereza salir un sábado o que escuches tantos palabros nuevos de esos que no tenemos ni la menor idea de lo que significan y que por lo cual nunca los incorporaremos a nuestro vocabulario. El verdadero golpe de realidad llega cuando ves que los jóvenes ya no celebran las mismas fiestas que tú o aunque las celebren no las sientan ni vivan como tú cuando tenías sus años. Ni mejor ni peor, simplemente que siendo las mismas fiestas ya no tienen nada que ver contigo. (Hacerte mayor significa que como no espabiles y te vayas cambiando las pilas a diario te van a ir dejando a un lado poco a poco). Un ejemplo: ese contraste generacional salta a la vista (al menos a mí), en el Carnaval más que en ninguna otra celebración del año. Antes nos resultaba una fiesta desenfrenada, libertina, improvisada, y muy divertida

Si te apetecía te currabas un disfraz en grupo o por tu cuenta y riesgo te ponías lo primero que encontrabas: una sábana, un sombrero viejo, un bigote pintado con corcho quemado o una peluca de cuando tu madre era joven. Y salías a la calle con el único propósito de pasarlo a lo grande, sin más coreografía que la que se te iba metiendo en el cuerpo entrando y saliendo de todas las discotecas y pubs que se ponían hasta los topes en las noches de Carnaval. Quienes salían a cara descubierta pasaban una buena ración de vergüenza porque se disfrazaba todo el mundo, desde los adolescentes hasta tus padres con los que era habitual coincidir en alguno de los muchos bailes de disfraces que organizaban por todas partes con suculentos e importantes premios para los más originales. Pero ahora, los Carnavales son otra cosa totalmente distinta. (Nada que ver con la edad de oro de nuestros años de vino y rosas). Hoy las academias de baile exhiben en los escenarios y por las calles sus espectaculares bailes ensayados durante meses, sus fabulosos vestuarios y maquillajes a la altura de los profesionales. A veces da la impresión de que aspiran a participar en Benidorm Fest, el NYC Pride de New York o en Sao Paulo. Pero la vida es eso: cambiar, innovar, adaptarse. Por eso cada generación tiene sus recuerdos, vivencias, historias e historietas. Nosotros, me refiero a los que ya tenemos esa edad en la que se nos ponen los pelos de punta cada vez que nos hablan de usted, añoramos el Carnaval de nuestra época con la misma nostalgia que la envidiada juventud de hoy lo recordará dentro de otros treinta años. Y quizá entonces les llame la atención que sus hijos ya no celebren el Carnaval como lo vienen celebrando ellos estos años. (Posdata: Aunque con mucha morriña admitamos y agradezcamos que gracias a las academias de baile el Carnaval de Yecla sigue hoy vivo. Con otro aspecto, eso sí, pero, precisamente por eso, completamente rejuvenecido).

 

 

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