Tantos y tantos yeclanos que han decidido establecerse fuera de nuestro particular extranjero y que regresan por Navidad a Yecla
Antonio M. Quintanilla Puche
Dice un amigo mío que si nos viéramos todos los días, a cada paso, al volver de cada esquina, seguramente exclamaríamos: “Ya está otra vez el pesado este por aquí”. Pero con la gente a la que solo vemos una o dos veces al año ocurre todo lo contrario: nos alegramos una barbaridad al verlos y cruzar unas palabras aunque no sepas exactamente con quiénes estás hablando o cómo se llaman pero sabes a ciencia cierta que los conoces, que hace mucho tiempo que no te los cruzabas o que parece que te suena que de jóvenes estudiasteis juntos (lo de estudiar es una expresión reglamentaria obligada que no tiene porqué ser cierta), o que vivíais en la misma calle o íbais en la misma pandilla. Mi amigo estudió lo justo y necesario, leer, escribir y sumar y de aquella manera, pero es más listo que el hambre. (En honor a la verdad, también tengo amigos a quienes les ocurre todo lo contrario: han estudiado mucho pero se atascan a la primera de cambio.

Por cierto, ahora que viene al caso, un día cogeremos el toro por los cuernos y hablaremos por aquí de esa ofuscación por pensar que las gentes que tienen estudios o titulaciones son más merecedoras de que las tengamos más en cuenta, que no digo yo que no pero que también digo que no siempre; en muchos casos tienen más conocimientos pero no por ello son más inteligentes ni más hábiles en lo que llamamos el saber estar). Pero vamos a lo que vamos que estas líneas corren que vuelan y antes de darnos cuenta hemos llegado al final de la columna, porque mira que me cuesta a mí poco y menos irme por las ramas: decía yo que una de las estampas más típicas (como suele ocurrir también en el puente, o puentazo, de las Fiestas de la Virgen), durante los días de la Navidad como a la que acabamos de sobrevivir gastrointestinalmente hablando, aunque aún nos queda el resopón porque ya sabe usted que hasta San Antón Pascuas son, es sin duda detenernos con esas personas humanas a las que en nuestro pueblo conocemos como yeclanos ausentes.

Por mucho que discutamos sin llegar nunca a ninguna parte sobre si la Navidad es más de Papá Noel o de los Reyes Magos, al menos coincidimos todos en que las navidades principalmente son días para pasarlas en familia y de reencuentros con viejos conocidos a los que hemos perdido la pista. De ahí que tantos yeclanos que han decidido establecerse fuera del nuestro particular extranjero regresen a Yecla para compartir esas fechas con los suyos. Ya se sabe, Nochebuena con una familia y Nochevieja con la otra para que todo quede en casa y ninguna de las dos partes ponga pegas aunque siempre surjan tiras y aflojas. Y junto a la familia la Navidad también se vive en la calle, fuera de casa, de ahí precisamente que nos dé más por estirar las piernas de un lado a otro por nuestro pueblo entre escaparates y abrevaderos varios y tengamos más ocasiones de saludar a quienes solo aparecen por Yecla en bodas, bautizos, comuniones, entierros, aniversarios y en alguna que otra ocasión suelta por ahí. Lo justo para ponernos al día si los vemos hasta que volvamos a coincidir cuando ellos tengan a bien regresar de otra vez.













