La vuelta al cole podría aguardar hasta que concluya la Feria, aunque solo fuera para evitar más padecimientos innecesarios a los progenitores
Antonio M. Quintanilla Puche
Hay injusticias históricas que claman al cielo. Asuntos que deberían ocupar reuniones de ministros, cumbres internacionales y hasta una sesión extraordinaria de Naciones Unidas. Y una de ellas ocurre cada septiembre en Yecla: hacer coincidir la vuelta al cole con la Feria. Pero ¿a quién se le ocurrió semejante disparate? ¿Ya hemos olvidado los derechos fundamentales de la Infancia? Pongámonos en la piel de los niños yeclanos. Llevan dos meses de vacaciones, han conseguido olvidar cómo se llama su profe o su maestra, no recuerdan dónde dejaron la mochila en junio y se han acomodado a unos horarios perfectamente razonables para cualquier ser humano en vacaciones: acostarse tarde y levantarse cuando el cuerpo lo tenga a bien. Y entonces llega septiembre. Por un lado, en Yecla empieza la Feria. Ambientazo, atracciones, luces, casetas de juguetes para elegir lo que quieren que les ferien los papis, abuelos, tíos y uno que pasaba por la puerta, hamburguesas, panochas, churros y ese maravilloso escándalo ferial de música, luces, pitos, bocinas y sirenas. Y al mismo tiempo por otro lado escuchan entrando en pánico: “Mañana a las ocho, todos en pie que hay cole”. Eso es jugar sucio con esas criaturas del señor. Porque cómo explicarles que deben acostarse temprano mientras escuchan el jaleo de la Feria donde media Yecla continúa pasándoselo estupendamente. “Papá, ¿podemos ir a los coches de choque?”. “No, hijo, que mañana hay cole”. Eso no es educación. Eso es crueldad y maltrato psicológico con agravante de ensañamiento. (Y luego queremos que los niños regresen motivados a las aulas). La solución parece muy sencilla: el curso debería comenzar en Yecla cuando termine la Feria.

No estamos pidiendo reducir las horas lectivas, ni eliminar los exámenes, (aunque puestos a negociar tampoco estaría mal ponerlo encima de la mesa). Simplemente adaptar el calendario escolar a Yecla. ¿Que este año la Feria termina el 20 de septiembre? Pues el 21, mochila al hombro. Además en plan periodo de adaptación, (el caótico horario de adaptación es obra conjunta de Lord Voldemort, Herodes y Cruella de Vil), y para que la chiquillería no esté ociosa, no vaya a ser que sufran trastornos sicóticos irreparables y se nos conviertan en asesinos en serie o se dediquen a la política, la Feria podríamos reorientarla como clases prácticas. Por ejemplo, Educación Física: caminar quince veces de punta a punta por el recinto ferial. Matemáticas: calcular a cuántas atracciones pueden subir con 20 €. (5 por abuelo, 5 más de los padres y 5 que se han encontrado por la calle). Economía: descubrir porqué les duran en la Feria aproximadamente siete minutos… Desde aquí lazo una reivindicación muy seria dentro de la evidente falta de seriedad que caracteriza estas líneas: la vuelta al cole puede esperar perfectamente hasta que concluya la Feria, que bastante largo se les hará luego el curso y aunque solo fuera para evitar más padecimientos innecesarios a los progenitores. Que los niños disfruten. Que suban a las atracciones. Que corran y se diviertan. Que no nos dejen de joder con la pelota. Que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que cuando vuelvan al cole nos digan adiós.













