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Jose Alonso: Anatomía de una biblioteca

Jose Alonso

Cada vez que miro las estanterías con mis libros siento orgullo; paso las manos entre sus lomos y tapas. Pienso en sus mundos, en cómo unas simples palabras pueden transportarme a historias tan diferentes a la mía. Incluso me siento comprendido por ellos.
Gracias a El extranjero, de Albert Camus, puedo viajar a una Argelia en blanco y negro donde todo parece ser absurdo; estar junto al protagonista en la playa, mirando cómo la vida pasa entre nosotros. Acabar atrapado en la cárcel y, juntos, mirar a la pared para terminar comprendiendo la existencia.

Cierro el libro con satisfacción para pasar a Cartero, de Charles Bukowski. Sigo los pasos de un protagonista cansado de la vida. (Parece que solo leo sobre personas cínicas). Mi cuerpo se une al de Chinaski para poder librarnos de nuestras celdas y liberar mi lado escritor: estar encerrado en una habitación con el único propósito de escribir.

Poco a poco me devoro los libros; mi cuerpo se llena de ese silencio que tanto me gusta y amo. Por dentro tengo hambre de leer más. Tomo Rayuela, de Julio Cortázar; con su ayuda busco a la maga “¿Dónde estás?”. Todo se transforma en un juego aleatorio donde el amor destroza la realidad; la Maga desaparece y vuelve a aparecer delante de mí. Es algo excitante y hermoso.

Tras el viaje de Rayuela me dirijo a otro libro distinto de Cortázar: Bestiario. Una recopilación de relatos que provoca que, una vez más, la realidad se transforma y una casa sea tomada por una entidad extraña. Cada relato me recuerda a Odiseo y a las pruebas que tuvo que pasar para llegar con su esposa: ¿tal vez yo también debo pasarlas para alcanzar mi Ítaca?

Mi biblioteca es así: un lugar lleno de amor literario al que me entrego sin reservas. Cada libro que tomo es una gracia de dioses malvados. Allí están mis volúmenes esperando a que los relea de nuevo. Aunque no está completa todavía ( aún me faltan demasiadas historias a las que transportarme) , cada vez estoy más cerca de la satisfacción literaria. No quiero nada más.

Habrá un sofá vació para ti. Para mi Maga, aunque no sé si existes. Acércate cuando el destino nos lo permita. Te dejaré mis libros; a veces pienso que tú has escrito estas páginas, o que incluso provocas eclipses en esta normalidad. Lléname con tu calor para que pueda escribir este artículo. Guíame con tu mano, querida literatura.

La biblioteca del lugar donde vivo es así: un rincón donde solo existe el arte de la escritura. Las paredes me separan de una tormenta solar y mi propio cuerpo puede sentir ese refugio. Al final las libretas se llenarán de mis letras, mis relatos serán publicados y mi identidad se completará de una vez por todas.

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