Charo Cutillas
Real Decreto 202/2000 (España) Regula las normas de higiene de los manipuladores de alimentos, exigiendo prácticas como la limpieza personal, el uso de vestimenta adecuada, lo que incluye tener el pelo recogido.
Y por otro lado se recogen los usos de quienes sirven alimentos en bares, restaurantes, o similar estas prácticas: Las Prácticas Correctas de Higiene (GPCH) en establecimientos alimentarios, que vienen a decir lo mismo que el Real Decreto mencionado.
Hay bares que, por su situación, luz u otros elementos, son de mi agrado y los evito precisamente porque no estoy dispuesta a que me sirva una tostada, un plato de gambas al ajillo o cualquier otro preparado, una persona con el pelo cayéndole sobre la cara, oscilando sobre el plato que va a servirme.
En primer lugar, no es admisible desde el punto de vista reglamentario, pero es que además, no es buena imagen para el establecimiento. Los clientes somos exigentes, a veces hasta impertinentes, lo sabemos, pero puedes perderlos incluso a los que serían habituales si no fuera por las melenas balanceándose ante los platos.
Como una está llena de manías, pensaba ingenuamente que era cosa mía, de mis múltiples y enrevesadas rarezas, pero lo comento con otras personas y aunque a muchos les da igual, a otros muchos les da aprensión los pelos de la camarera peligrosamente cerca del aperitivo, desayuno o piscolabis. Y digo camareras por que suelen ser ellas las de las melenas.

Cierto es que en la mayor parte de los establecimientos, se observa el cumplimiento de elementales normas higiénico-sanitarias, en donde las camareras llevan el pelo recogido en hermosas trenzas, preciosos pañuelitos o pulcros gorros, que libran a los clientes de esa mala imagen y esa aprensión más que comprensible. Por eso, por contraste con los que cumplen las normas, cuando una acude a un bar en donde no es así, aún se espanta más y la manía y el asco se multiplican.
Y qué decir del camarer@, que desde la barra interviene en la conversación de unos clientes, porque como son amigos… pues eso, como si estuvieran en su casa. Pero no es tu casa, es tu negocio y mejor cuidar los detalles, no sea que a los clientes no les interesen esos gritos por parte de quien dirige el establecimiento.
No puedes evitar, como dueño o camarero, que los clientes griten en sus mesas, pero si puedes no intervenir a grito limpio desde tu puesto de trabajo (la barra) porque la imagen es muy poco profesional, y bastante chabacana. O tal vez impropio. O las tres cosas a la vez.













