Francisco de Paula García Vélez es Comisario Honorario del Cuerpo Nacional de Policía.
El pasado 29 de junio nuestro querido director escribió una “Crónica” titulada “Cuando la política nacional salpica a Yecla” en la que señalaba que: “Sería algo muy parecido a traicionar a nuestros políticos locales, valorando en las urnas más lo que hacen sus compañeros de partido en Madrid que las horas y horas que los de aquí dedican a Yecla en beneficio nuestro”. No seré yo quien quite merito a la labor que hacen nuestros concejales, y por ende todos los concejales de España, pero también pienso que algunas responsabilidades tienen de lo que pasa en “los madriles” por su pertenencia a unas siglas políticas. Y lo relativo a los gobiernos locales se puede hacer extensivo a los gobiernos autonómicos.
Si un miembro de una Corporación Municipal o de un Gobierno Autonómico de un partido político, cualesquiera que sean sus siglas, ve diariamente que su partido a nivel nacional lleva a cabo políticas que considera erróneas y que dañan la imagen de su partido e incluso al conjunto de la ciudadanía, y no hace nada por, al menos, intentar cambiar esas políticas, tiene que asumir las consecuencias que en la ciudadanía tengan esas políticas a nivel nacional en cuanto a la decisión del voto de sus conciudadanos, ya que es lógico pensar que esos conciudadanos, al observar que el concejal o diputado regional no rechaza públicamente esas políticas, entiendan que las aceptan. Y cuando digo concejal o diputado regional me refiero al conjunto de afiliados a un determinado partido político a nivel local o autonómico.

Cabe pensar que el ciudadano considere que a esos políticos el aplaudir siempre les será más restable para mantener los privilegios que por el cargo puedan tener. Con esta conducta se pierde el criterio propio y se convierte en comparsas, perdiendo así su capacidad de opinar y de debatir que es sustituida por la obediencia sin criterio. Esto da lugar a que la clase política sea mediocre y solo busque ganarse la vida de manera cómoda. No hay idea ni debate, solo obediencia. Estos políticos no llegan a diferenciarse de los periodistas y tertulianos que son palmeros mediáticos de un partido, y que con tal de seguir viviendo de ello son capaces de adular a los lideres con las teorías e ideas más peregrinas. Y todo esto lo perciben los ciudadanos, y lo valoran en su decisión de voto.El ejemplo más reciente de esto lo hemos tenido en las elecciones autonómicas de Extremadura y este pasado fin de semana en Aragón, donde el partido del gobierno de la Nación ha pagado con una abultada derrota las consecuencias de las políticas que su partido está llevando a cabo a nivel nacional, según el criterio de los ciudadanos de Extremadura y Aragón.
Me podrán decir que no siempre es fácil discrepar desde dentro de un partido de las líneas políticas que marca la dirección desde sus órganos de dirección nacional. Pero si no hay cauces dentro de ese partido para poder, al menos, expresar la disconformidad con esas líneas políticas sin sufrir consecuencias para que las mismas sean conocidas por los ciudadanos de su localidad o región, es que ese partido no es muy democrático, y si aun así uno se mantiene en el partido deberá asumir las consecuencias que las decisiones políticas de “los madriles” tengan en el voto de sus conciudadanos.
Decía nuestro director que en “unas elecciones municipales valorar más la política nacional que la política local sería algo así como traicionar a nuestros políticos yeclanos”. Yo diría que quizás si el político o el conjunto de afiliados a un partido a nivel local o regional no se manifiestan en contra de las políticas que manifiestamente no son buenas para el conjunto de los ciudadanos de su Municipio o Comunidad Autónomas, son ellos quienes están traicionando a los ciudadanos de esos lugares, y deberán asumir las consecuencias que ello conlleve tanto a nivel de voto en elecciones, como en bajas de afiliados.También por decir algo y sin ánimo de polémica.













