Cristina Martínez
En las noticias, se habla cada vez menos de la guerra de Ucrania y se pasa de puntillas por encima del genocidio palestino. Como ahora hay una tregua de paz en Palestina, nos hemos quedado tan tranquilos. Lo cierto es que no hay tregua, se sigue matando a los palestinos. Lo sé de primera mano por una voluntaria de Médicos sin Fronteras, admirable, así como todos los voluntarios de las otras ONG que se encuentran en una situación de peligro permanente y se juegan la vida por ayudar a quienes lo necesitan…
Las noticias por repetitivas cansan y eso lo saben los periodistas, de modo que buscan sujetos susceptibles de atraer la atención cada vez más distraída del ciudadano.
Los líos de faldas, amores y desamores de quienes se consideran famosos porque salen en la tele o de aquellos que gozan de estatus y dinero, atraen mucho más la curiosidad de los telespectadores que esa noticia en la que se ve a la gente llorando al enterrar a sus seres queridos.
El deseo de expansión de una nación, enorme de por sí, aplastando con su poder militar a otra más pequeña, por un lado, y la venganza interminable de los judíos quienes, habiendo sido exterminados por los nazis, ahora son los exterminadores, hiela la sangre y produce mucha impotencia. Y eso dejando de lado, por desconocida, la situación extremadamente alarmante de muchos otros países de África, Oriente Medio y allende los mares, allá donde la vida de un ser humano vale menos que un bledo.

¡Parece mentira que esas guerras estén teniendo lugar!, exclamamos exasperados sin darnos cuenta de que cualquier guerra, aunque esté lejos, no nos es ajena. Rusia puede anexionarse Ucrania y también otros países europeos y la tensión en Israel puede involucrar a muchos otros países, y, debido a la globalización, el nuestro, incluso sin ser anexionado, quedaría implicado. Por otra parte, el armamento que se emplea en esas guerras es mucho más contaminante que todos los coches del planeta juntos…
Cuando éramos pequeños, el mundo no estaba tan envenenado como lo está ahora. Era un mundo mucho más seguro; un mundo que se rehacía de la masacre de la segunda guerra mundial con una explosión de nacimientos y esperanza; un mundo donde la ilusión de una sociedad justa y civilizada se perfilaba en el horizonte; un mundo -nos decíamos- que había aprendido la lección y evitaría por todos los medios una tercera guerra mundial.
El panorama actual, sin embargo, invita al pesimismo. El crecimiento armamentístico es mucho más peligroso que antaño por la existencia de armas nucleares, y cada vez son más los líderes que se apuntan a emular a Gengis Khan. No, no hemos aprendido la lección o en todo caso la hemos olvidado muy deprisa. Los seres humanos somos los únicos burros que tropezamos siempre con la misma piedra.













